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Ningen/Kaibutsu -07-

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Ningen/Kaibutsu -07-

Mensaje por core-3 el Vie Dic 02, 2016 4:45 pm

07
 
Abrió los ojos inmersa entre sus pesadillas, en compañía de un cachorro de lobo con esencia a flores, caminaron entre una espesa arboleda,  y un puente escondido entre ramas de mangle. Al poco rato el cachorro se desvió del camino; Corrió  hacía unos arbustos espinosos, Alice le siguió pero le perdió de vista, así que siguió su esencia impregnada en el aire. Sus sentidos se alertaron al movimiento vibratorio del suelo, la ondulación de los charcos intensifica en referencia a lo que se está acercando. ¿Qué se esconde  por debajo del claro de Luna entonces? Quizá eran productos de la noche y sus horrores, como un peligro latente observan desde las profundidades del rio. ¿Qué vieron sus ojos?  Escondieron sus tenazas al reflejo de la luna, y no atacaron.  Ahora esta imagen impresa se extiende con claridad; Es una Torre Negra, una edificación de barro hundida entre los cimientos de un espeso terreno pantanoso. Las criaturas de ultratumba se alejaron, presos del miedo. Ambos aprovecharon el sitio como refugio, al entrar se dieron cuenta que lo era todo, menos segura.  Con espadas oxidadas y cadenas esparcidas, barro y moho en sus paredes, escalones de piedra, el sitio parecía más bien una inmensa Jaula.  
 
—Te tardaste tanto, pensé que jamás te volvería a ver. —el lobo se acerca y gentilmente lame una herida en su mano, provocada al seguirle por los arbustos.  Alice le devuelve la mirada y responde sin soltar palabra alguna; Acaricia gentilmente por debajo de su oreja.
 
— ¿Dónde has estado? Te pierdes tal cual cachorro de lobo  entre la espesura… —examina con recelo cada extensión de su cara bestial, ojos marrones, pelo castaño... Una pancha blanca en la frente. —Y ahora vienes a mí. Tras de sus sueños… Sigues siendo tan cobarde.
 
Sonrió a sus adentros, no le daría el gusto de escuchar su risa como recompensa, después de tantos años abrazó cálidamente su suave pelaje... En donde su olor se impregnó en su saco del uniforme.
 
—Shinta es tu nuevo nombre ahora, que gracioso es eso. —finaliza, fue cuando también dejó de acicalarlo, Alice padece de una singular opía que tiende a incomodar a la gente.  Naturalmente el cachorro no es inmune a ello.
 
— ¿Qué lo hace gracioso Alicia? ¿Qué tu y yo hayamos pensado en lo mismo? O el hecho de que seguimos repitiendo los mismos errores una y otra vez… —responde irónico, incluso entre sus chistes está solo.   —Nunca fui gracioso, me rio de cosas que no debo. Estoy cansado de eso, así que decidí darle un fin a este ciclo.
 
*Hace referencia a su nombre, “Nueva Era”, un nombre muy común a finales de la era Tokugawa e inicios de la era Meiji.
 
—Yo estoy cansada de ti, ¿Hasta cuánto tiempo crees que vas a seguir huyendo?
 
¿De verdad existía gente como él que nunca madura? Siempre un niño tan molesto. Frunce el ceño ante la irresponsabilidad, como un mocoso malcriado contesta a sus justificaciones. Absurdas, inútiles, vanas… Irresponsables. Cual fuera la pregunta el lobo soltaba a otra tonta justificación. Malhumorada, se contiene de darle un buen golpe en la nariz. Siguen discutiendo y no llegan a ningún punto. —Ya te lo dije, solo quiero ver hasta donde es capaz, el me cae bien, y si lo intentas, él será mejor opción de lo que yo alguna vez fui…
 
—… —pero solo obtuvo más silencio a partir de mi complicada hermanita. —Tienes razón, por un momento pensé que encontraría algún rastro de ti en él, pero ya no queda nada.  Ni siquiera recuerdo tu nombre real, o el cómo te conocí. O el por qué eres tan importante para mí… Para nosotros. Y sin embargo aún tengo este persistente presentimiento incrustándose como una espina en el corazón.
 
—Y así debe de ser… Sería una pena que me recordarás, eso no era parte de mi plan de todos modos.
 
— ¿Qué pretendes? —la insinuación del lobo alerta a sus sospechas, como pensaba…  
 
—… —no tenía mucho en mente más allá del inquietante  deseo de golpearle cuando lo viera, cerró el puño en silencio y sonrió. —No te rogaré, iré allá y te traeré de vuelta, aún si tengo que reunir fragmento por fragmento de tu PATETICO y débil espíritu, recuperaré lo que solías ser, lo que solías amar…
 
— ¿Lo que solía amar? ¿No será al revés? —Cada vez sus palabras se tornan más agresivas… — ¿Y qué pasará con él? Incluso si lo consigues no volverá a ser lo mismo. Estoy encariñado con Shinta, no quisiera verle sufrir.
 
—Vivirás por Shinta y por todos quienes viven dentro de ti, pagarás por tus caprichos; Esta vez me aseguraré de darte una buena correa…
 
“Haz que se detenga este dolor. “
 
Inoportunos recuerdos de su infancia invadieron sus pensamientos al escuchar sus quejas. Estar con él significaba rogarle.  Con memorias impregnadas en su pecho, que muestran las caras del dolor y el miedo, el miedo a este sentimiento de repulsión hacía alguien se suponía debía amar a causa de un tonto recuerdo. Fue de este vil modo que se dio cuenta, que los momentos impresos en la memoria no significan nada en el futuro.  
 
—Que se detenga… —lo repetía diez veces… —Haz que se detenga el dolor…
 
Cien…  Mil. Un millón, lo contaba las veces que fuesen necesarias para dormir. Solo el silencio prescindía a sus tontas peticiones de niña, algo más hiriente a una respuesta pasa miles de veces sin que lo recuerde. Ya no escuché su voz sin importar cuanto lo intentara. Nada es distinto ahora; Es una niña sorda de mis palabras. Fue como romper un sello muy dentro de sí, algo que despertó lo peor de su personalidad. Una verdad horrible de la cual no quería ser parte; Procrear, tener una familia, hijos, el amor y sus milagros... Ella lo repudiaba, la naturaleza salvaje de la esencia humana, el deseo.    
 
—‘’Y cuando el cordero rompió el séptimo sello en el rollo, hubo silencio en el cielo durante media hora’’. Apocalipsis 8:1.
 
—Los Dioses están enfermos… Mueren aquí, se sienten atraídos, tal cual cementerio de elefantes. —siguió paseándose alrededor de la sala, olfateando el suelo.  Se creía un dios entre los espíritus.  
 
Alice solo se limitó a seguirle con la mirada. Comenzaba  hastiarse de esta versión horrible de él mismo.  
 
—Pero un mundo enfermo necesita dioses enfermos.
 
“Ahora lo recuerdo. La primera vez que lo conocí también olía a flores. Por mucho tiempo la esencia de la lluvia me recordaba su nombre”. Pensó, más bien recordó el nombre de este sitio, relacionándolo con Shinta; Templo Hundido.
 
Primero fue la oscuridad que carcomió la frágil imagen de Alicia, después fue la niebla que poco a poco consumió todo. Millares de existencias únicas, se esconden tras de sí, quebrantan la piel de esta jaula hasta orillarla a sus pilares metálicos; Las espadas llueven y quiebran al caer.
 
—Abre los ojos, todo es un sueño. —una espectral voz le llama; Y eriza sus hombros que por inercia vira al reflejo de un inminente ataque que... Jamás existió, la espada oxidada se desvanece apenas a unos centímetros de su nariz, era claro que si no se movía en ese preciso instante el filo de esa espada hubiese acabado justo en medio de su frente.  
 
—Un mal sueño en los ojos de alguien más.
 
Esquelética, de piel pálida y quebradiza, se deja ver entre la niebla.  Andrajos  de cabello y profundos orificios negros como ojos… En la profundidad de su oscuridad brilla una intensa luz grisácea que congela el tiempo y lo encierra en la niebla que nace de su aliento, la retorcida presencia de sus pies quiebra y pudre la superficie del césped.  
 
— ¿Quién eres? —paraliza hasta estremecer cada pulgada de su frágil cuerpo, sin tiempo de temblar ante la reacción. — ¿Qué buscas?
 
Pero en cambio el cachorro corre hacía ella, privado del miedo y con un espíritu de servicio,  lame sus dedos, y esta se inca y rodea de forma cariñosa al  cachorro entre sus brazos… Sus labios rotos, y dientes grises con encías negras connotan antigüedad.  Alice cae hechizada por su veneno, se deleita con sus pensamientos; Inscritos en el reflejo de sus ojos, toda acción que se lleve a cabo no se efectuará sin que su oponente lo sepa tres segundos antes, y esto será así hasta que la Niebla deje de rodearla.   
 
—Quieres saber quién soy, palomita. Pues soy la niebla entre los sueños, lo que se oculta del otro lado del reflejo… —susurros pasan al cerebro, no hay interferencia, no mueve sus resecos labios, y tampoco hace expresión alguna. La niebla habla por ella, y declara sus más temibles y desgarradoras intenciones. Pero Alice mira con enojo receloso, como dispuesta a ir sobre ella en cualquier momento.
 
—No lo toques… —justo lo que más le enfurecía en esos momentos era el lobo, y esa chica estaba siendo un estorbo.
 
—Tentar mi hambre de este modo es…—inclina su cabeza ante la conmoción de su reacción, asombrada por la poca tolerancia de su mal carácter. —Asombroso, quiero comerte a ti también.  
 
—Pero este pequeño cachorro no parece apreciar su vida…  —asiente, risueña, arrogante… —Toma su lugar, sé tú mi alimento en vez de él… Si me garantizas eso, no lo tocaré.
 
—Te lo garantizo, si jodes conmigo iré hasta donde estés y te daré una golpiza que jamás olvidarás. Te mataré.
 
Bong* Bong* Bong*  Campanas desgastadas suenan; Son esas reliquias del monasterio Sombrío. Una campanada para una reunión de la Orden, Dos para un funeral, y Tres para una ejecución… La chica entre la niebla ignora a sus amenazas, parecen difusas y tontas para la monstruosidad que representa ser. Sin embargo se divierte con ella.  
 
— ¿Lo escuchas? Esa es la purga del alma… Ajajajajajajaja…—su risa se difumina entre el sonido y la niebla, una risa que luego pasa como eco.  El campaneo culmina, dejando tras de sí un camino de destrucción y fuego…
 
‘’Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los ríos, y en las fuentes de las aguas.’’ Apocalipsis 8:10
 
.
.
.
 
En otras circunstancias, yéndonos a las alturas y dejando las ramas de Lado, un campanario de no más de cien metros se posiciona como el punto más alto de la Espesura, una cima de torre que de hecho está habitada por un excéntrico residente que vive en la aislación total. Entre toda la distancia y con la expectación de un águila acechando a su próxima presa, observa con desdén a las profundidades del suelo con el ojo de su mente. Otra figura sombría se vislumbra en el interior de su torre, un joven de mediana estatura y robusta musculatura sube por los escalones. Cundido entre el sueño de la penumbra, Edmund; el sujeto a la espera, abre uno de sus ojos, sin dejar la oración de lado… Casi al mismo tiempo en que su visitante abre la puerta de su habitación. Observa al joven que acaba de llegar y le reconoce de inmediato.
 
Por otro lado el joven pelirrojo reconoce la habitación de su cliente por el desastre; Botellas Vacías de Vino esparcidos por todos lados, y con velas en las boquillas. Pleno y resignado de ser encomendado a su próxima tarea, observa a su empleador, un hombre joven y atractivo; Y con toda la apariencia de un obispo vestido de civil.
 
—Yuhei, que bueno que vienes, toma asiento. —el Padre Edmund no era de su agrado pero la paga siempre era buena, además de que las tareas eran en cierta manera sencillas para alguien de sus talentos.
 
—Este… —confundido, ante la evidente falta de asiento en la habitación; Optó por sentarse en el suelo, frente a frente.
 
El trabajo era sencillo, deshacerse de “Mala hierba” en el jardín. Por supuesto la naturaleza de sus labores no incluyen asesinatos o secuestros a largo plazo, Edmund pensaba que con asustarlos sería suficiente. Aunque fue explicito en cuanto a Alice; La quería en la torre, específicamente, cerca de él.
 
—Bien, supongo que irse de pinta no está permitido, entiendo.  ¿Pero no le parece mucho padre? Es decir, la educación y esas cosas que forman el carácter a la antigua no son sistemas que puedan ser aplicadas a una sociedad moderna. —e incluso de ser así él tan solo está haciendo lo mismo; Saltándose las clases de la preparatoria local a la que asiste.
 
—… —Edmund frunció el ceño, reprendiéndole con un sello en sus labios. No se caracterizaba por ser un hombre impaciente, pero cuando se trataba de situaciones como esta, prefería no vacilar y relajarse a como siempre lo hacía. Hay tensión de por medio; En otras circunstancias incluso habría llegado a la misma conclusión. 
 
—Mhh, Mhhh!! Mhhhh!!! —la grotesca gesticulación de Yuhei  perturba la paz que mantuvo por tanto tiempo en su habitación, ante la conmoción, Edmund solo suspira, irrumpiendo a sus rezos internos. Levanta el menique y una ligera luz embelese el reflejo de un fino hilo que parte desde su dedo hasta los labios del chico.
 
—Esto es serio… He tomado la mejor decisión justo ahora y sé que eventualmente seré confrontado por quienes no están conforme con mis métodos… —el probablemente se refiera a mi hermana y su pandilla. —Es necesario que esta vez sean niños buenos y asistan a la escuela.
 
—Mhhh… Mhhh!!!
 
—Si. Quiero que escuches porque es importante que guardes silencio, no podemos llegar a nada si…
 
—Mhhh mhhhhh mhhhhhh!!! —pareciera que Yuhei no estaba haciendo un simple reproche por algo de lo cual ya estaba tan acostumbrado. Parecía algo más…
 
—Espera… En verdad tienes algo importante que decir; ¿Por qué no empezaste por ahí?
 
—Mhhh? Mhhh!!! Mh!!!! Mhhhh!!!! —quizá no lo haya dicho claramente, pero se entendió a qué iba todo eso.
 
—Si, si, esta vez fue mi error… —se expresa como si entendiera… — Habla, muchacho.
 
Retira el sello de sus labios y estos se desprenden como carne cortándose.
 
—Auch… —Nijei se tumba al suelo tapándose los labios por el dolor… —Jamás me acostumbraré a esto, no me jodas.
 
— ¿Quieres vino para aclarar la garganta?
 
— ¡No  le ofrezcas vino a un menor de edad!
 
—Por el amor de dios, te quejas demasiado.  Solo di lo que tengas que decir.
 
—Es esa chica, ¡Alice! Es ella; Me pareció verla yendo hacía la ciudad…
 
— ¿Por qué ha de interesarme? Ahí es justo donde la quiero. Sé específico…
 
—De niños usábamos un canal acueducto que va para el lago Congelado de la espesura, entrabamos desde el distrito comercial y tomábamos un camino de cien metros debajo de la tierra…   Conociéndola, querrá ir a la espesura por ese camino.  Digo, hay una posibilidad muy alta de que Shinta siga con vida, aún después de la Purga… Estamos hablando de ese chico después de todo.
 
—Sí, hay una posibilidad muy alta de que ambos sigan con vida, y es por ese motivo que quería asegurarme de que así fuese, mandándote a ti en mi lugar… —había revelado la naturaleza de su verdadera labor sin rechistar, y sin quererlo. —Pero supongo que tendré que llamar a otro jardinero; Tú Irás tras la chica.  Si no entiende razones haz lo que quieras, pero la traes conmigo…
 
—Oh vaya… No pensé que el respetado Padre Edmund me pidiese secuestrar a una colegiala…
 
—Hmmm. —Edmund meditó su orden, pero no llegó a razón lógica para retractarse. —No es un secuestro, y  asegúrate de que tampoco lo parezca. ¿Fui claro?
 
—Como el agua señor, no se arrepentirá de mi decisión. Los chicos y yo haremos lo que esté al alcance.
 
—Otra cosa… Tus chicos; Déjalos aquí.  Les daré un mejor uso.
 
—Eh… No hay problema, pero eso aumentará la tarifa.
 
—De ningún modo niño, ahora vete… —vuelve a sus oraciones internas, repasando los escritos de la Biblia en su bolsillo. El chico observó por curiosidad las anotaciones de Edmund sobre el libro; Lo usaba como una agenda de escrituras en hebreo  y diversas cábalas espirituales, al parecer procedente a su estudio del Kéter como materia. 
 

—Tss… Viejo tacaño.  —Ocho horas fue el plazo, tendría que bajar de nuevo los escalones, supongo que esta es la parte que más odia de hacer negocios con el Padre Edmund, muy a pesar de su impecable condición física; Subir escalón por escalón era algo aburrido.








Aclaraciones; Si, esto explica el ambiguo comportamiento del Clerigo Loco en el quinto capitulo; Le hablaba al lobo cuyo nombre es desconocido, y no a Shinta(Recipiente).
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