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Asesinos de Élite - Capítulo 2

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Asesinos de Élite - Capítulo 2

Mensaje por Inactivo el Jue Nov 05, 2015 10:04 am

Asesinos de Élite

Capítulo 2 - Fantasmas del pasado


Karo estaba ahora refugiado en un viejo y derruido edificio abandonado, rodeados de gente que ahora consideraba de “su calaña"; ladrones, asesinos, drogadictos, toda la escoria de la urbe se aglomeraba en esa zona olvidada de la ciudad.
Había pasado ya casi una semana desde el incidente con la mujer de los ojos verdes.
«¿A qué estas esperando? Aparece de una vez...» El muchacho sólo ansiaba poder hundir su cuchillo en la garganta de esa mujer, tan profundo que tocase las vertebras del cuello, y ver como esos ojos esmeralda se apagaban para siempre.
Un ruido en el pasillo lo sacó de su ensimismamiento. No era normal escuchar pasos de zapatos, todos ahí usaban calzado deportivo; no son costosos, son silenciosos y definitivamente más útiles y cómodos a la hora de escapar de la policía. Los pasos se acercaban hasta la puerta de la habitación que él había adoptado como su nueva casa. Tomó su cuchillo y se preparó para lo peor.
La puerta se abrió, lentamente, no de la forma estrepitosa que esperaba Karo; un hombre bien arreglado, enfundado en un traje costoso de color negro, pasó a través del umbral. Levantó las manos con las palmas abiertas mostrando que no portaba arma alguna.
—No sé que llevas en la cintura, extraño. Si haces un movimiento extraño te degüello —amenazó al sujeto.
El hombre lo miró sonriente y acto seguido se abalanzó sobre el muchacho. Este retrocedió un paso e intentó herirlo en la parte alta del cuerpo. Para su sorpresa, el sujeto se inclino pasando por debajo de su brazo y con una sorprendente agilidad,  giró raudo como un felino, mientras descendía, quedando de espaldas a karo. Le tomó el brazo antes de que el muchacho lograse detener el fallido golpe, y lo impulsó por sobre sus hombros, estrellándolo contra el suelo. No conforme con haberlo reducido, le pisó el cuello y torció el brazo que sostenía, obligando a joven a soltar su arma.
—Aun te falta mucho... —le espetó, casi riéndose, el extraño.
—Que quieres de mi ¿Trabajas para la policía? —era difícil hablar con un pie presionándole la garganta, pero intentó hablar lo más claro posible.
El hombre lo soltó y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse; Karo la rechazó con un golpe y se levantó por sí mismo. El sujeto del traje pisó la hoja del cuchillo para que el muchacho no lo tomase.
—Karo Ichia... Eres un sujeto muy interesante. Te hemos estado vigilando desde que entraste al pabellón psiquiátrico. Hace muchos años atrás.
—No veo que pueda tener yo de interesante —respondió tajante—. Búscate una mejor excusa para explicar tu venida —miró al hombre de pies a cabeza—. No necesito el cuchillo para matarte —amenazó.
—No, claro que no necesitas el cuchillo para matar a alguien. Pero si intentas atacarme de nuevo, terminaras otra vez en el suelo, aunque esta vez te romperé el brazo —La sonrisa del hombre se borró al pronunciar esas palabras; Karo supo que no bromeaba al respecto—. Nos interesa saber “qué” es lo que te mantiene vivo.
El muchacho lo miró algo confundido.
—¿Vivo? ¿A qué te refieres? No entiendo tu pregunta.
—Trabajo para una organización... —hizo una pausa mientras se rascaba la barbilla—… como explicarlo... solucionamos problemas puntuales, encargándonos de personas problemáticas. Nuestros clientes son todas aquellas personas importantes que puedan pagar el precio de nuestros discretos servicios.
—Te tardaste demasiado para decir "Somos asesinos a sueldo"... —acotó Karo.
—Te confundes chico, no somos aficionados, somos los mejores. Somos la élite de la élite. Creo que ya conociste a una integrante de nuestra organización... una mujer vestida de negro… ¿La recuerdas? —inquirió burlesco.
—¡La mujer de los ojos verdes! ¡Maldito seas...! —a punto estuvo de atacar, pero el extraño hombre lo detuvo con un gesto de su mano.
—No, ella trabaja sola ahora... sin embargo perteneció a nuestra organización. Fuimos nosotros quienes expedimos la orden de asesinato de tu familia.
El muchacho sintió que se le debilitaban las piernas. Una indescriptible sensación de agobio y tristeza le invadió el cuerpo al recordar a su familia masacrada. Estaba abrumado, tenía finalmente a su alcance las respuestas a las preguntas que había buscado por una década, atrapadas en la boca del hombre que se paraba frente a él.
—¿Por qué? —preguntó simplemente, mientras se le llenaban los ojos de lagrimas recordando la grotesca escena: la mujer de los ojos verdes arrebatándole su vida entera.
—Negocios muchacho, no fue nada personal, créeme —hizo un ademan con la mano, como restando importancia al asunto—. Pero lo realmente sorprendente es que estés vivo. Ella te perdonó la vida, incumpliendo con el contrato establecido y queremos saber por qué —explicó el sujeto.
—No trates a las personas como simples números ¡¡Esa era mi familia!! —Gritó fuera de sí, Karo. El muchacho miró a los ojos a ese hombre, mientras las lágrimas desbordaban y rodaban por sus mejillas.
—Tienes razón, lo siento, me disculpo por eso —se giró sin darle verdadero valor a sus palabras, y le dio la espalda a Karo—. Ahora debes venir conmigo, este lugar es peligroso —dijo mientras caminaba hacia la ventana; despegó un pequeño trozo del papel sucio y pegajoso que la cubría y observó afuera—. Ahí vienen...
—¿Quién?
—¿Y quién más? La competencia. Todos están interesados en saber porque "Sombra" incumplió un contrato para perdonarte.
—¿Acaso es tan importante un estúpido contrato para ustedes? —indagó, algo molesto. Miró su cuchillo, ahora libre del pie del sujeto del traje.
—Para alguien como Sombra, lo es... Ella es la mejor, en todos sus años sus masacres se han convertido en leyendas. La llaman cuando un trabajo debe ser ejemplar, su frialdad y su extrema exactitud para cumplir un encargo son exquisitas, no hay otra igual. Ella entra, trabaja y se va, nadie jamás la ve a menos que ella quiera ser vista. Eso es lo que la hace tan especial… y eso es lo que te hace especial a ti, niño. Dejó que la vieras trabajar, y no sólo eso, te dejó con vida.
«¿Qué clase de vida se supone que me dejó?» Pensó mientras los recuerdos de los ocho años de torturas en el pabellón psiquiátrico se arremolinaban en su perturbada mente. Dio un paso hacia su arma sin darse cuenta siquiera, mientras rememoraba cada tormento vivido, pero de pronto, el hombre se agachó y gritó:
—¡Al suelo!
Karo estaba ausente, pensando en su antigua vida. El vidrio de la ventana al romperse y los cristales tintineando en el suelo lo despertaron, sólo para ver como una granada caída delante de él. Alcanzó a salir del cuarto hacia el pasillo cuando la granada estallo; una granada de percusión. Quedó tendido en el suelo sujetándose inútilmente las orejas, mientras escuchaba un infernal pitido que parecía taladrarle la cabeza. Vio subir por las escaleras a cuatro hombres encapuchados; dos de ellos lo tomaron y lo arrastraron escaleras abajo, mientras que los otros dos entraban a la habitación.
Salieron a la calle, Karo ya estaba recuperando la audición, escuchó una ventana estallar y poco después un fuerte golpe y vidrios caer al suelo; uno de los hombres había sido arrojado por la ventana y se había estrellado en el techo de un auto estacionado.
Los dos hombres se apresuraron en subir al joven a una furgoneta negra, al entrar había otros tres sujetos encapuchados que lo recibieron con cuerdas y una bolsa de tela para taparle la cabeza; uno más estaba al volante. Al arrancar el vehículo,  la conmoción fue demasiado grande para Karo, saber que su familia había sido asesinada por un encargo; saber que quien ejecuto dicho encargo le arruino la vida dejándolo vivo por alguna extraña y enfermiza razón que aún desconocía; saber que ahora era el blanco del crimen organizado; y, no conforme con todo, ahora había sido capturado quien sabe por qué banda e asesinos… Simplemente no entendía nada… cayó inconsciente…
Despertó un tiempo después, el vehículo estaba quieto, él estaba muy incomodo, sentía una fuerte y dolorosa presión en la espalda, estaba sobre algo sólido e irregular; no era el suelo de la furgoneta. Sintió flojas las ataduras de sus manos y no dudó en desatárselas. Luego se quitó la capucha: el vehículo había perdido el control, y estaba a un lado de la carretera… él se encontraba sobre los asientos delanteros, que estaban reclinados por el impacto de todos los que iban detrás y salieron despedidos hacia adelante por el impacto.
Salió a rastras por una de las ventanas frontales, la furgoneta se había estrellado contra un árbol. Estaba muy cerca de la ciudad, apenas recorrieron algunos kilómetros; dos como mucho.
La siguiente visión lo dejo sin habla, los cuerpos de las seis personas que lo apresaron, estaban colgados en el árbol; despojados de sus ropas, atados de pies y manos; sus vientres abiertos con las vísceras colgando. La piel, totalmente arrancada de sus cuerpos, descansaba en tiras a sus pies, sólo sus pechos conservaban algo de piel, y sus rostros. Por la expresión de los mismos, parecía que habían sido desollados vivos… en sus pechos, en la piel restante, había una legible inscripción:
«No toquen lo que es mío»
El joven se arqueó y vomitó…
Estaba dándose la vuelta para regresar a la ciudad, era más fácil esconderse allí, pero algo lo detuvo: un brillo cerca de la rueda delantera del vehículo llamó su atención. Se acercó y vio la empuñadura de un cuchillo sobresalir de la carrocería, clavado en el guarda fangos; era su cuchillo, y tenía una nota envuelta y atada. La leyó, una estúpida e histérica sonrisa se le dibujo en el rostro: «No te lo di para que lo perdieras, cuídalo mejor».
—¿Qué es lo que quiere esta mujer de mí?

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