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El Sendero 03

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El Sendero 03

Mensaje por The Lax el Dom Ene 10, 2016 10:26 pm

Capítulo 03, con final dramático XD

Capítulo 03:


Capítulo 03: Amanda.

           El chico estuvo distraído todo el día, pensando en la tenebrosa noche que había dejado atrás hacia unas cuantas horas, era como si el tiempo corriera lentamente para él, por un momento Jimmy no se había percatado de la existencia de Amanda o de que malévolos planes traería consigo ese día, era como si todo su vida y sus problemas palidecieran al lado de tan oscuro acontecimiento que tuvo lugar la noche anterior, aunque las burlas y las mofas llegaran hasta él, no les prestaba atención; sólo había lugar en su cabeza para el hombre misterioso y para Analí. Sin embargo, la respuesta obvia por parte de los compañeros de Jimmy ante la ausencia de su atención, sería crear una situación tan embarazosa, tan molesta que hiciera a Jimmy girar sobre su asiento y prestar atención a las burlas que se alzaban en su contra.
            Amanda, en su afán por concentrar toda la atención del muchacho, comenzó a idear un plan para jugar con su mente, como le encantaba hacer a diario, tendría que ser algo que Jimmy no olvidara fácilmente, algo para que la recuerde por siempre, y a pesar del tono de romanticismo que posee esta idea, su plan, de romántico no tenía nada.
            Amanda Burgham había sido una chica tranquila, se había hecho amiga de Jimmy en la primaria, fueron sentados en asientos contiguos y su amistad floreció rápidamente, la chica era de una familia pudiente, el padre de Amanda había amasado una pequeña fortuna vendiendo autos usados, pronto ascendió y se convirtió en uno de los mejores distribuidores del condado, para cuando la joven entro a la secundaria, su padre ya tenía su propio concesionario, algo que mejoró la calidad de vida de la familia Burgham. El viejo señor Burgham de espeso bigote y pelo cano se convirtió con el tiempo en un viejo petulante y amargado, comenzó a mirar a la gente con desprecio y al poco tiempo posó su mirada en Jimmy, quien no le parecía el tipo correcto de compañía para su hija, por lo tanto la familia Burgham se mudó, compraron una casa en la zona residencial del pueblo, en un barrio enrejado y con enormes murallas, un lugar donde sólo entraría gente con clase, como decía la señora Meredith, esposa del señor Burgham.
            Con el tiempo Jimmy había perdido contacto con Amanda, si hubiera querido visitarla hubiera tenido que recorrer con su pobre bicicleta un enorme trecho, cruzar el pueblo entero y entrar por el viejo camino silvestre de White Oak Springs. Al final simplemente habían tomado caminos separados, pero algo extraño había pasado en el interior de la señorita, un parásito crecía en su corazón, un sentimiento molesto, un dolor que presionaba su pecho incluso mucho antes de que Jimmy sintiera algo por ella, la chica ya lo tenía claro; Se sentía atraída hacia Jimmy, ella lo sabía, lo intuía, pero no sabía cómo actuar al respecto, durante los días siguientes el sentimiento creció más y más, se arraigó a su alma como un viejo árbol se aferra con sus fuertes raíces al suelo, para cuando comenzaron la secundaria la jovencita planeaba dar sutilmente indirectas a Jimmy, y plantearle los intereses románticos que tenía con respecto a su persona, entonces Analí apareció en la ecuación y el mundo de la chica se puso de cabeza.
            Analí era una chica extrovertida y popular, seguida siempre de una manada de chicas que vestían con atuendos modernos y enseñaban el ombligo. Amanda hasta ese entonces no se había percatado de que su forma de actuar y de vestir no era nada femenina, al verla sentía celos, las miradas de los chicos se desviaban como atraídas por alguna fuerza magnética invisible, incluso la mirada de Jimmy era atraída cuando la coqueta chica pasaba por el corredor.
Poco a poco, Amanda fue cambiando su estilo de vestir, su forma de hablar e incluso la forma en la que interactuaba con los demás, algo que sin duda llamó la atención de Jimmy. Amanda trató de acercársele, pero durante la fiesta de Halloween vio como Analí hacia el primer movimiento.
No es justo, pensaba, de todas las personas del colegio ¿Por qué Jimmy?.
            ¿Tenía Jimmy algo especial que cautivaba la mirada de ambas chicas?, en todo caso Amanda no quería saberlo. Se puso en marcha y salió por la puerta, no quería saber nada más de Jimmy, Analí o del amor, aquel sentimiento que antes la hacía sentirse cálida, ahora era como una filosa estaca que apretaba su pecho,  y mientras iba caminando por el viejo camino empedrado de la ciudad, le pareció que una oscura sombra la acechaba, volteó pero no vio a nadie, apresuró el paso y cuando se movía le pareció ver un par de refulgentes ojos rojos en lo profundo del bosque, aquel bosque por donde pasaba ese tenebroso sendero lleno de árboles muertos, que parecían moverse cuando uno no miraba.
            No le dio importancia y continuó su camino, aunque mientras avanzaba en su mente rondaba la idea de hacer desaparecer a Analí y a Jimmy, poco o nada le importaba el cómo, simplemente deseaba que desaparecieran de su vida. Lo que Amanda no sabía es que oscuros seres escuchaban sus más profundos pensamientos y ponían en marcha un maligno plan, cual máquina bien aceitada; En ese momento los engranes del destino comenzaron a girar con sus oxidados dientes.
            Ahora, en el presente, Amanda maquinaba un plan quizás igual de malévolo, sería la broma máxima, pensaba; aunque seguro a Jimmy no le haría gracia. Mientras caminaba sin prisa por el largo pasillo que daba al salón de ciencias, Jimmy notó que un incómodo silencio inundaba el corredor, como si de repente hubiera perdido la audición, se metió el dedo al oído, después de algunos años de pasar por aquel lugar y escuchar el ruido ensordecedor de los alumnos yendo y viniendo de un lado para otro, esa escena le parecía de lo más bizarra, era como vivir una de esas películas de horror donde el protagonista voltea y detrás se encuentra el asesino con un hacha.
Giró lentamente, como esperando que algo saliera en su encuentro y allí estaba, un enorme monstruo con dientes de sierra, babeaba y un vapor caliente salía de sus fauces, sus ojos negros lo miraban, Jimmy no tenía control de su cuerpo… Pero no era cierto, cuando Jimmy volteó no era nada, su imaginación le jugaba una mala broma, después de haber pasado tan estremecedora noche lo lógico era que se sintiera algo inquieto, pensaba.
Escuchó un sonido familiar, el ruido de una puerta abriéndose, rechinando ruidosamente, y del salón contiguo salió Amanda.
            Jimmy sintió un frio sudor recorriendo su cara, —¿Qué quieres?— Preguntó intrigado.
—Dejémonos de bromas Jimmy.— Dijo Amanda con una sonrisita.
            Jimmy se percató que de los demás salones, compañeros de clase de Jimmy salían en pares, Aunque ninguno era su amigo, entendió entonces que eran amigos de Amanda, personas que seguían ciegamente a Amanda como si fuera alguna especie de líder, nada bueno podía pasar en esa situación.
Amanda se acercó a Jimmy lentamente, Jimmy retrocedía un paso por cada uno que adelantaba Amanda, hasta que al retroceder chocó con alguien, era un joven alto y dibujaba una maliciosa sonrisa sobre su cara, tomó a Jimmy de los hombros y lo apretó fuertemente.
            —Jimmy.— dijo Amanda. —Hace tiempo que quería decirte esto, me gustas mucho.— exclamó seguido de una risita siniestra.
Jimmy se sentía abrumado, las miradas de todos sus compañeros se clavaban en su ser como filosas dagas, esperando por su respuesta, Jimmy trató de huir, de escapar como lo hizo ya tantas veces antes.
—Esta vez no irás a ningún lado.— Le dijo el muchacho que lo sostenía.
Jimmy forcejeaba inútilmente como un animal arrinconado, como un coyote atrapado en una trampa de acero.
—Mírame, y dime lo que sientes.— Amanda le plantó una mirada seria.
Jimmy sentía que le faltaba la respiración, miraba el techo y parecía moverse como si estuviera atrapado en un carrusel.
—Y-Yo...— Alcanzó a decir pero nada más salió de su boca.
—Vamos Jimmy, espabila…— Le dijo Amanda mientras lo abofeteaba suavemente.
Su mente estaba en blanco, una oleada de sentimientos diversos penetraban sobre su pecho, sentía como el parásito crecía, se volvía más fuerte y buscaba salida, a través de su boca, pero Jimmy sentía la necesidad de reprimirlo, había empeñado mucho esfuerzo en negarlo, ya no había marcha atrás.
—Yo sé que tú me amas…— Amanda se acercó tanto a Jimmy que podía sentir su aliento tocando su mejilla. —Sólo debes admitirlo Jimmy.—
—No… no es verdad.— Dijo Jimmy ruborizado.
—¿En serio?— Amanda con una sonrisa malévola se acercó a Jimmy.
Con su mano comenzó a acariciar su pecho, Jimmy se sentía a punto de explotar, en cualquier momento el parásito escaparía de su pecho y su más profundo secreto saldría a la luz.
—Vamos a darles algo de qué hablar…— Susurró Amanda en el oído de Jimmy.
            Jimmy no tuvo tiempo de reaccionar, de pronto los labios de la joven se encontraron con los suyos, eran suaves y delicados, Jimmy por un momento abandonó su cuerpo, se sintió como elevándose, volando muy alto… y luego cayó, volvió a una velocidad enorme y sintió como si cayera de cara contra el pavimento, todos los curiosos espectadores miraban, reían y hablaban pero nadie lo ayudaba. Sintió la lengua de Amanda entrando sin ser invitada dentro de su boca, era caliente y húmeda y tenía un sabor agradable, el chico sintió una enorme presión en su pecho, el parásito estaba listo para salir, mientras al mismo tiempo un nuevo sentimiento se manifestaba en su interior, ¿Por qué hacía esto?, las acciones de la chica no tenían sentido, hasta ese momento todo habían sido rumores y jugueteos, con este acto los rumores que corrían en torno a él y Amanda se reforzarían, ya no había escape. Todo por lo que Jimmy había luchado se esfumó con un beso, era agradable sí, pero al mismo tiempo lo llenaba de rabia y tristeza, y como cualquier niño que es expuesto a tal humillación y no sabe cómo lidiar con ello, se puso a llorar.
            Amanda lo soltó asustada, el chico que lo sostenía también lo hizo, Jimmy cayó al suelo y comenzó a lloriquear, la primera reacción de los espectadores fue de desconcierto, luego llegaron las risas, Jimmy no podía contener las lágrimas y un melancólico sonido salía de su garganta, Amanda lo miraba preocupada, quizás al darse cuenta de que no había calculado la magnitud del daño que le había hecho a Jimmy. El parásito había muerto justo antes de romper el capullo, aquel sentimiento que sentía por ella, se había esfumado; ya no quedaba nada más que el cadáver de lo que alguna vez fue amor puro y verdadero.
            Jimmy se levantó, y con la cara aún bañada en lágrimas gritó con todas sus fuerzas a los curiosos espectadores que se habían formado a su alrededor.
—¡DESAPAREZCAN…! ¡¡QUIERO TODOS Y QUE CADA UNO DE USTEDES, DESAPAREZCA!!.—
Amanda lo miró asustada, sentía que era lo mismo que ella había hecho al pensar en Analí hace ya algunos años, antes de su misteriosa desaparición.
—Jimmy…, Yo…— Amanda le tendió una mano.
Jimmy se la apartó con tal fuerza que el golpe hizo un sonido seco.
—AMANDA… ¡¡OJALÁ TE MUERAS!!.—
            Exclamó Jimmy con tal fuerza que la chica sintió que le apretaban el corazón, un escalofrío se deslizo por su espalda, sabía que las palabras iban en serio. El muchacho salió corriendo, empujando a todos aquellos que se cruzaban en su camino, Amanda parada en medio de la multitud miró su mano, ya comenzaba a enrojecer por el golpe, pero no era eso lo que le dolía, sino las palabras que habían salido de la boca del chico, ¿Por qué lo hiciste? Pensaba ella, ¿Cómo esperabas que resultara esto, niña idiota?. Jimmy había salido del colegio saltando el muro, corrió con todas sus fuerzas aún con lágrimas en la cara, tomó su vieja bicicleta y condujo rumbo al sendero, aquel sendero al que siempre había temido ahora parecía su verdadero hogar, un lugar donde podría borrar todos sus problemas, un lugar donde ella no podría alcanzarlo.

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En este mundo lleno de monstruos, los demonios dominan el curso de la guerra.

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