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El Sendero 10

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El Sendero 10

Mensaje por The Lax el Mar Feb 02, 2016 3:32 pm

El desenlace de la batalla final, pero aún quedan unos capítulos por delante...

Capítulo 10:


Capítulo 10: El encapuchado

            Jimmy y el encapuchado estaban parados junto al cuerpo desnudo e inerte de Analí, El extraño ser tomó el pulso de la chica y asintió con la cabeza como una especie de improvisado doctor, luego posó una de sus manos sobre los pechos de la chica y dio un profundo vistazo, Jimmy se sonrojó al ver esto, pero si había una forma de que ella regresara a la normalidad y aquel misterioso ser la conocía, era mejor no interrumpirlo.
—¿T-Traerla de vuelta?— Titubeo Jimmy. —¿Cómo harás eso?—
—En realidad eso no depende de mí, esa decisión te pertenece única y exclusivamente a ti.— Respondió el encapuchado con un tono tétrico.
—¿Qu- Qué debo hacer?— Preguntó Jimmy algo inseguro.
—Debemos recuperar los “U:mik-Akh:to” de Analí, sus “sentimientos” o “recuerdos”, como prefieras llamarles; cuando ella llegó aquí se deshizo de ellos, estas cosas son lo único que los mantiene siendo humanos, de otra forma se revelará la forma más oscura de su ser.— Explicó el encapuchado.
—Espera un momento, ¿me estás diciendo que esa criatura, era como Analí se ve a sí misma?— Jimmy exclamó con una expresión de incredulidad.
—Cuando ella llegó aquí no pudo soportar el miedo, poco a poco fue perdiendo la cordura, se deshizo de todos y cada uno de los “recuerdos” que tenía, hasta que se quedó casi completamente vacía, excepto por un pequeño recuerdo que guardó para sí misma, uno que le decía básicamente quién era.— Continuó diciendo el misterioso ser encapuchado.
—No lo entiendo, ¿por qué lo hizo?— Jimmy seguía dudando de las palabras del encapuchado.
—Es obvio, lo hizo por amor, el amor es uno de los sentimientos más poderosos que poseen ustedes los humanos, vale hasta cinco veces más que uno normal, y ella se deshizo de él; Para no tener que recordarte más.— El encapuchado le dio una mirada fría a Jimmy, que hizo que este se tambaleara y sintiera un ligero mareo.
—¿Cómo puedo ayudarla? Dime que debo hacer.— Jimmy miró a la extraña criatura con seriedad.
—Necesitamos esos recuerdos, pero están muy lejos de nosotros y necesitamos darle algo ahora, la cuestión es que, si ella tuviera al menos un recuerdo, su cuerpo aún podría volver a la vida, bueno… técnicamente.— Jimmy vio al encapuchado algo dubitativo.
—Sólo necesitamos uno ¿verdad?— Jimmy recordó en ese instante que con la daga pudo liberar un pequeño enjambre de “U:mik-Ak: tho” desde su pecho, fue un movimiento desesperado y esos recuerdos ya se habían disipado de su mente, de un momento a otro ya no recordaba cómo era el sabor del chocolate, ni como andar en bicicleta o su décimo cumpleaños.
            Jimmy se dio vuelta de golpe, emprendió la marcha hasta el lugar donde “Longinus” había caído y la recogió con sumo cuidado, —Sabes, le di uno de mis recuerdos a Amanda, el que ella necesitaba, un recuerdo de amor… y surtió efecto, pero me pregunto si eso será suficiente para ella, ¿Qué pasará con sus otros recuerdos?— el muchacho llevaba la empuñadura del cuchillo de una mano a la otra, como perdido en sus propios pensamientos.
—Eso es lo maravilloso de ustedes los humanos, pueden forjar recuerdos a partir de uno solo, pueden modificar las memorias nuevas para acomodarlas con las viejas, o incluso crear nuevos recuerdos.— Respondió apresurado el encapuchado.
—Pero no serían sus recuerdos, simplemente se inventarían una historia falsa que les permitiera aceptar la realidad, eso es desagradable.— Dijo Jimmy con gesto de disgusto.
—No tenemos tiempo para esto, o lo haces ahora o la chica se muere y lo digo en serio, su pulso se está perdiendo con cada minuto que desperdiciamos hablando. Decídete ahora.— El rostro de la criatura tenía una apariencia de enojo y seriedad apuntando a Jimmy, una mirada como la que le daba su padre cuando él hacía alguna travesura, cuando Jimmy era un niño pequeño sabía que esa mirada significaba que estaba en problemas.
            Jimmy se acercó a Analí, se puso el monóculo de aspecto extraño sobre el ojo izquierdo y abrió un agujero luminoso en su pecho usando a “Longinus”, sacó un gran puñado de insectos con apariencia de escarabajo que se retorcían en sus manos, luego uso el cuchillo para abrir un agujero en el pecho de Analí e introdujo los insectos con suavidad dentro de ella, con el monóculo podía observar claramente cómo se movían y alteaban dentro del pecho de la chica. “Es hermoso…” se dijo a sí mismo y se apartó de ella lentamente.
—Acaso acabas de… — Los oscuros ojos del encapuchado se arquearon con preocupación.
—Será mejor que la saquemos de aquí antes de que despierte.— Le pidió Jimmy al extraño ser.
—¿Acaso te das cuenta de lo que acabas de hacer?— Replicó el encapuchado, mientras usaba un extraño artefacto, del cual brotaba una especie de agujero negro que crecía exponencialmente, como un ojo abriéndose ante los primeros rayos del sol.
—Lo sé, ella los necesita más que yo… sólo debo recordar una cosa ahora, recordar que debo devolver cada uno de los recuerdos que ella perdió por mi culpa.— Decía Jimmy mientras su piel se tornaba color ceniza y sus ojos empezaban a oscurecerse.
—Estás loco, ¿planeas ir en contra de ellos?, no te será tan fácil.— El encapuchado tomó suavemente el cuerpo de Analí, el cual comenzaba a retomar su color normal otra vez.
—Está bien, este lugar no me da miedo… por cierto, ¿fuiste tú, cierto?, el que me dejó este cuchillo en la tienda del hombre serpiente.— Jimmy le dio un fugaz vistazo al encapuchado, quién en ese momento, depositaba con cuidado el cuerpo de Analí dentro del portal carmesí, que llevaba al mundo de los humanos.
El cuerpo de Analí se perdía dentro del portal como un cuerpo que se hunde en el agua y de pronto “El umbral” se cerraba, tragándose a Analí en un parpadeo.
—Yo no te deje nada en aquella tienda.— Respondió el encapuchado, Jimmy volteó con una mirada seria, “No importa” le respondió y regreso la cabeza a su posición original, su mirada se tornó fría y carente de expresión alguna. El muchacho se levantó con lentitud, y miró hacia el horizonte, la noche se hacía más oscura en ese retorcido mundo.
—Todo cuanto era, todo lo que tenía, ya no importa… Esto es lo que soy ahora, un fantasma, un espectro que pertenece a este mundo decadente y caótico.— Miraba ambas manos como si las viera por primera vez en su vida.
—Si quieres pasar desapercibido tendrás que actuar como nosotros, pensar como nosotros y hacer lo que nosotros hacemos. Recuerda… cada segundo que pasa, te vuelves menos humano… y más monstruo.—
—Los humanos también son monstruos, son incluso peores…— Dijo con una seria mirada.
—¿Por qué lo dices?— Preguntó el encapuchado, algo anonadado.
—Esconden su horrible naturaleza tras una máscara de falsedad, una cara que le muestran al mundo exterior, para que los demás no se percaten de cuan asquerosos son por dentro.—
—kajaja… eres una persona muy interesante Jimmy.— La risa del encapuchado sonaba más como un ligero estruendo de agonía. —Tenemos un largo camino por delante, lo mejor será ponernos en marcha de una vez.—
—Qué opción me queda…— Jimmy se dio vuelta y comenzó a caminar.
            La lluvia caía pesadamente sobre los árboles, el suelo estaba empapado y se podía oír a lo lejos como un grupo de personas caminaba entre el bosque, pisando ramas secas al avanzar, las hojas se agitaban y los negros árboles parecían poner caras melancólicas. Analí yacía tumbada sobre el césped húmedo, con la mirada hacia el cielo nublado, las gotas de lluvia estaban frías y recorrían su cuerpo completamente, en ese momento se percató de que no llevaba ropa alguna, se incorporó suavemente, las personas que se habían adentrado en el bosque se oían cada vez más cerca, era cuestión de tiempo para que dieran con ella y la verdad es que eso ya poco le importaba, sentía dentro de ella un gran vacío, como si algo importante le hubiera sido arrebatado.
Dos intensos haces de luz le apuntaron directamente a la cara, Analí trató de cubrirse el rostro con una mano, la otra cubría sutilmente su cuerpo desnudo.
—Otra chica ha aparecido aquí, parece desorientada, la llevaremos a la estación ahora mismo.— El hombre apagó su linterna, les hizo una señal a los demás para que le dieran algo de espacio, se acercó a la joven mujer y le entregó una manta para que pueda cubrirse mejor de la lluvia. —Tranquila, estamos aquí para ayudarte, venimos de la estación de policía, ¿recuerdas cuál es tu nombre?— Pregunto amablemente el oficial de policía.
—Analí…— Respondió la chica algo decaída.
—¿Recuerdas cómo llegaste aquí?— Preguntó el oficial mientras le tendía  una mano para que se ponga de pie.
Analí tomó la mano del oficial y se puso de pie. —No, no recuerdo mucho.— Respondió algo triste.
—Está bien, vayamos a la estación y luego quisiéramos que respondas algunas preguntas para nosotros.— El oficial usaba un tono suave cuando le hablaba, Analí sabía que era para tratar de ganarse su confianza, no confiaba en él, pero no entendía por qué esos sentimientos habían aparecido en su cabeza de repente.
            El viaje fue algo revelador, mientras veía por la ventanilla de la patrulla, observó con detalle el pueblo de Scales Mound, Illinois. El lugar en el que ella había vivido toda su vida, entonces su mente comenzó a recordar algunas cosas, no porque las había olvidado, sino porque no había intentado acceder a esos recuerdos hasta ahora. El Mark’s Burger que estaba en la avenida Mason, ese era su restaurant favorito, hacían las mejores hamburguesas del pueblo, de hecho en ese momento se le antojaba una con queso y cebolla. La tienda de Franklin Ross que estaba al final de la calle principal, tenía todo tipo de golosinas y chocolates, de niña siempre iba y compraba chocolates, de las que venían con una figurilla de superhéroe dentro del empaque, era algo extraño pero no podía recordar que sabor tenían los chocolates, como si nunca los hubiera probado, como si ese recuerdo no estuviera dentro de su mente, al menos ya no más.
Mientras Analí caminaba por la estación de policía vio en una habitación a otra chica, una que le parecía bastante conocida, aunque sus recuerdos no estaban muy claros, por alguna razón su corazón se agitó un poco al verle la cara, era algo incómodo así que dejó de verla.
—El cielo se pone rojo por unos segundos y dos chicas aparecen desnudas en medio del bosque, ¿te lo puedes creer?— El jefe de policía, un hombre algo anciano y barbudo miraba atónito la situación en la que estaban. —Sigan buscando muchachos, nos puede caer una tercera.— Les lanzó una sonrisa a los demás y estos rieron suavemente.
—Señor, el cabello es algo diferente, pero creo que la segunda chica, creo que es la hija desaparecida de los Guzmán, la niña que se perdió hace 4 años en el bosque.— Exclamó un joven oficial de policía.
—Déjame ver eso.— El jefe le pidió la foto de la chica que tenían en los registros, miró varias veces la fotografía y a la chica que tenían en la sala contigua, hasta que sus ojos se abrieron más y más. —Dios mío, esto es un milagro… contáctense con los Guzmán, ahora mismo.— Gritó el jefe de policía, sus hombres comenzaron a moverse.
En algún lugar de Scales Mound, Illinois; el padre de Analí no podía creer lo que le contaban por teléfono, mientras su madre rompía en llanto, no un llanto triste sino uno de felicidad, su pequeña niña iba a volver a casa esa noche.


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En este mundo lleno de monstruos, los demonios dominan el curso de la guerra.

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