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Poderes- Prologo y Capítulo 1

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Poderes- Prologo y Capítulo 1

Mensaje por Χαvεгцς el Vie Jul 01, 2016 6:47 pm

Buenas gente, amantes del arte en general. Saludos a todos los que quieran tomar un poco de su tiempo para leer el primer capítulo y prologo de una historia que estaré subiendo por acá. Ya yo me había presentado a finales del año pasado, si mal no me equivoco, en el grupo, y en mi presentación, les había comentado sobre que iba a postear esta historia. También, en otros foros había subido el primer capítulo y algunos de aquí que estaban en esos foros, ya la habrán leído. Sin embargo, muchos me dieron criticas para mejorarla, puesto que no les gustó mucho el capítulo. Entre las criticas más sobresalientes estaba que no terminada de enganchar porque se resumía en acciones casuales, salvo el final.También me dijeron que los personajes no se aprencian y la redacción estaba un poco confunsa. 

Bueno, creo haber corregido un poco esos detalles. Aun quizás no termine de enganchar, pero es que ciertamente quiero abarcar pocos detalles en este capítulo, puesto que solo es para dar una idea de la vida que ésta viviendo el protagonista, antes de que ésta cambie por completo. Ya se enterarán en el segundo capítulo. 


Sin embargo, la gracia de postear en estos foros es más por recibir criticas costructivas que por otra cosas, así que sean libres de opinar. Todos sus comentarios los tomaré en cuenta, ya que este capítulo no esta escrito en piedras y lo puedo editar tantas veces como quiera con tas de hacerlo cada vez mejor para un buen comienzo.


Para los que no la habían leido antes, permitanme contarles como fue que se me ocurrio esta historia, puesto que es una anécdota muy curiosa: Cuando yo era pequeño, solía jugar con mis amigos a rolear personajes de animes y video-juegos. Cada uno tomaba un personaje de una serie especifica a la que queríamos "vivir" en esa ocasión. Cambiábamos el hilo original de la historia a nuestra imaginación (aún para aquel entonces era creativo XD). A ese juego le teníamos un nombre, y se llamaba "Por Allá Tras", ya que jugábamos siempre en el patio de mi casa. Sin embargo, no siempre jugábamos a rolear series conocidas, sino que en una ocasión decidimos crear una original, que siempre que íbamos a jugar a ella, la llamábamos "Poderes". De allí tome su nombre, y aunque a la que jugábamos siempre su historia la cambiábamos, a esta es obvio que le tengo una historia concreta, pero trata de lo mismo... Ya se darán cuenta al leer el prologo.


Sin más aclaraciones, les dejo con el primer capitulo. Quizás hoy mismo suba el segundo.

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Poderes
Prologo

Gesegnet... Es el nombre dado por los humanos a la rama de razas más poderosas que habitan la Tierra…

Le coronaron éste nombre por sus grandes habilidades que los superan.

Los llamados Gesegnet son un conjunto de familias que poseen diversas habilidades sobre-humana, que van desde controlar los elementos de la naturaleza, hasta los de una fuerza mental o física

Cada familia comparte sus atributos raciales, naciendo ya con ellos y desarrollándose con su crecimiento.

Estas dos grandes razas han prevalecido mutuamente, compartiendo sobre su estilo de vida y costumbres.

Pero por ser los Gesegnet una raza con muchas ramas, se han manifestado ciertas cruzadas entre familias.

Aunque han tenido sus problemas, nunca han olvidado el valor de la paz, sin embargo… 

En estos tiempos, una crisis se está dando, afectándoles a todas las familias.

Todo esto comenzó con la extinción de una familia muy poderosa y respetada por sus enemigos… Los Dayo’s.

Su existencia en el mundo acabó, pero… aún queda una chispa de ellos… Todos oyen hablar de su legado…

Un Joven… un joven que no se espera las aventuras que recorrerá… con sus nuevos amigos.


Capítulo 1 (Un Hijo sin Padres)
*Es medio día y el sol ardiente ilumina la ciudad.*
*Las personas caminan por las aceras y los autos recorren las calles.*
*Es la ciudad Durchschnitt, conocida como la ciudad del hombre, ya que los censos afirman que hay más humanos que Gesegnet.*

En esta ciudad se pude decir que solo hay un mutante, pues, solo se conoce el nombre de Ray Dayo; el último de los Dayo’s.

Su persona es algo… complicada, así como su apariencia inusual. Éste día no le será para nada plácido, así como suele tomárselos, aunque debería ser un tipo activo, por ser una persona plenamente formada, teniendo compromisos universitarios, pero bueno… no es así.

En la clase donde debería de estar Ray, entra una pandilla de dos tipos pateando la puerta con vigor.

-      ¡RAY! ¡VENGO POR LO QUE ME DEBES!


Todos quedan impactados al ver la lisura que hicieron estas dos personas, y al estar un educador en esa sala, no lo toleró, por lo que pregunta furiosamente:

- ¡¿Quiénes se creen para entrar a mi clase de esa manera?!


Los malhechores solo lo miran de reojo y, enseguida, le quitan la mirada para centrarse en los universitarios.

Hay uno en la clase temblando de miedo. Los malhechores lo miran y uno de ellos lo señala diciéndole:

- ¡Tú!


Al miedoso se le eriza la piel, mira para todos lados y les pregunta:

- ¿Yo?


- ¡Si, tú! ¡¿Dónde está Ray!? -le dice el otro ya acabándosele la paciencia.

El joven, intimidado, le responde tartamudeando.

- E-el- est-esta e-e-en-en el tejado


Al oír su respuesta, los rebeldes salen corriendo del salón hacia donde les dijeron que está Ray.

El profesor observa la retirada de estos y en seguida retoma su escritura en el pizarrón.

- Los jóvenes hoy en día… tendré que hacer una queja.

Ray se encuentra acostado mirando las nubes serenamente, junto con un compañero. El muchacho se levanta y a al mismo tiempo que estira sus brazos hacia arriba, le dice:

- Bueno Ray, ya me voy. ¿No piensas dar clases?


Ray se sienta en el piso, aspira profundamente y luego le responde.

- Estoy cansado de la misma rutina de siempre -se levanta repentinamente y agrega con mucha firmeza a sus palabras:- ¡Quiero un cambio radical en mi vida!


Su amigo le responde, seriamente, después de acomodarse las gafas.

- Pues, gradúate y tu vida cambiará.


Al escuchar su consejo, mira hacia arriba pensativamente, a la vez que le responde.

- ¿Graduarme?... Mmmmh… ¡Naaaah! Mucha pereza. ¡jeje! –le dice ésto último mientras cierra los ojos y se toca la cabeza.

El Joven lo mira con una expresión avasallada.

- No tienes remedio Ray. -agrega el joven seguidamente– Bueno… yo si me lo tomo en serio. Voy a dar clases. Nos vemos. 

El muchacho se da la vuelta, a la vez que se despide con sus manos, y cuando va abrir la puerta del tejado, salen los malhechores disparados. Estos desapartan al muchacho ferozmente, haciendo que este caiga al piso y, al ver a Ray, dice uno al mismo tiempo que empiezan a correr.

- ¡Ahí está! ¡ATRAPALO!


- ¡Mierda! -maldice Ray mientras empieza a huir al borde del edificio. Salta hacia el edificio cercano y logra alcanzarlo.

Uno de los malhechores que pareciera ser el líder, le grita desde el otro lado, mientras reposa su mano en el borde del edificio donde está.

- ¡Maldito! ¿¡Cuando me piensas pagar lo que me debes!?


Ray le responde de manera burlesca desde el otro tejado.

- Amigo, lo siento, hoy no te puedo pagar. Otro día quizás.


-      ¡NI MIERDA, ME PAGAS HOY!


Luego de gritar, el tipo furioso le dice a su compañero:

- ¡Has lo que hizo él y atrápalo! 


El muchacho expresa una cara de intranquilidad dudando de poder tener la misma habilidad para hacer tal acto extremo, pero a la final sabe que debe acatar las órdenes dadas, así que, con temor, se sube al borde del edificio y después de seguir pensándolo por unos momento más, viendo el acantilado, saltó por reflejo al escuchar los gritos de su líder.

-      ¡Que saltes maldita sea!


Con unos gritos de muerte, desea porqué sus pies pisen el cemento, puesto que a la vez que notaba el suceso en cámara lenta, ve como el otro extremo está demasiado lejos, pero todo estaba en su imaginación, ya que logra llegar sano y salvo, aunque no controló su caída como el joven Ray, siendo así, el tener que saborear el piso, pues, tropezó.

Con solo levantarse, quedo listo para capturar a Ray, pero al parecer éste tuvo que notar lo tan humillante que eran los hombres de su cobrador.

- ¿Ehhhh…? Ese Stefan cada vez consigue peores. -murmura el rubio aún sin moverse- No le servirá de nada. -después de estas palabras, no demoró mucho para correr directo hacia el muchacho que tenía al frente. Éste, en un intento de pensar rápido, se preparó para atraparlo, pero lo que tenía pensado hacer Ray fue muy estratégico: Aprovechó su posición para zurrarse entre sus piernas, así pasando de largo. Sin parar llega hasta sentarse en el borde del edificio y, antes de intentar su segundo movimiento, se despide de su cobrador.

- Tendrá que ser otro día, así que, ¡nos vemos! -el muy extremo se lanza del edificio. Aprovechando que estas dos estructuras están juntas, puede realizarlo sin algo de problema.

- ¡Mierda! -Fueron las palabras de Stefan al presenciar cómo se le escapaba.

El muchacho que habían chocado, se levanta tocándose la cabeza, y al ver que sus agresores aún seguían ahí, decide ir a recalcarles.

- ¡Eh! ¡ustedes! -El llamado Stefan, que aún queda en el mismo tejado, se vira hacia él para mirarlo seriamente, mientras lo oía hablar- ¡Me deben una disculpa! ¿¡Cómo es eso que me golpean y hacen como si no pasara nada!?


El malhechor sigue con su mirada sin escrúpulos, pero luego la cambia por una pequeña sonrisa sospechosa, pues, parece que el dúo no se iría con las manos vacías.

- Por el momento me conformaré con tus pertenencias.


- ¡¿Qué?! -expresa al ver como éste se acerca de manera poco amistosa hacia él, teniendo idea ya de sus malas intenciones.

Mientras tanto, el joven Ray camina por las calles cercanas a su universidad, pareciendo muy contento de haberse escabullido de sus cobradores.

- Esa banda de Stefan se quieren creer los más malos de la ciudad, pero lo cierto es que son una bola de ridículos, -se comenta así mismo y sigue mientras cambia su compostura a una pensativa- aunque la verdad es que no puedo pasar huyendo de ellos… Debería ir consiguiendo lo que le debo.

No pasaron muchos minutos para que Ray recuerde que se sentía incómodo y no era más que su vestimenta. La ropa que le es obligada llevar para entrar a su Universidad, no se ve muy incómoda que digamos, pero a Ray le sofoca bastante al parecer. 

-      No volveré a la Universidad por hoy. Me quitaré esta molesta ropa.


Así el rubio decide llegar a su casa, cambiándose extremadamente rápido, pero no era de sorprenderse al ver la forma de cómo le gusta vestir: El chaleco que trae puesto, al estar decorado con alguna clase de pelaje amarillo, le daría un toque elegante si no fuera por parecer una miniatura del modelo, puesto que le llega solamente al abdomen, además de que no trae nada por debajo, dejando su musculatura juvenil al descubierto. Y su pantalon de tela largo no parecieran pegarle muy bien…

Al bajar de su habitación, quizás buscando algo que hacer al desplazarse con pasos lentos dentro de su casa, pero estaba claro que en horas de la tarde, no había nada que hacer encerrado en casa, por lo que decide salir, tomando su patineta que al tener una, nos demuestra que no solamente es bueno para saltar de edificios en edificios.

Mientras avanza por las carreteras de la ciudad, realiza algunos pequeños trucos que sabe hacer como el boardslide y el Ollie. Viveza y destreza física son perfectas características que describen a Ray Dayo, un joven que al parecer toma primordialmente sus necesidades únicas.

Al toparse en su camino con un puesto de comida ambulante, aprovecha que era el único cliente para alimentarse con un Hog Dog y una bebida. Cuando esta listo para partir hacia algún sitio, quizás a hacer Skateboarding, al demostrarnos que es una de las disciplinas que más le gusta, lo detuvo la voz de alguien.

-      Eeeeeyyyyy Raaaaaay.

Al dar un vistazo hacia dónde proviene el llamado, con ponerle mala cara a los tres tipos que se acercan, además de sus palabras que pronuncia en voz baja, quiere decir que ya los conoce.

- Ellos otra vez…

Ya estando lo suficientemente cerca, uno de los tres empezó hablar.

- Ey Ray, ya que tienes una patineta en las manos ¿Echamos una carrera? sSe lo preguntaba con algo de emoción.

Ray medita por unos segundos pero después, mientras guarda su compostura pensativa, responde engreídamente.

- Mmmmh… No lo sé. Es que estoy cansado de ganarles.

Manteniendo su sonrisa, responde el mismo tipo de antes.

- Vamos hombre, no seas así. Solo es una carrera y ya. 

Después, habla uno de sus compañeros, tratando de darle al orgullo de su rival.

- Déjalo Yéremi. ¿No vez que se le nota el miedo de que le ganemos ésta vez?

Ray mira de manera grosera a quien intentó insultarlo, decidiendo pasar ésto, sin embargo, intenta arreglar el asunto del reto dándole una mejora.

- Qué tal si hacemos esto más interesante y ponemos en juego algo de dinero, ¿eh?

El grupo se extrañó por ésto, pero el tal Yéremi se atrevió a preguntar.

- Pero… ¿de cuánto estaríamos hablando?

Antes de responder, a Ray se le dibuja una sonrisa bastante sospechosa, dando su cifra.

- ¿Mil dólares?

Como era de sorprenderse para apostar una cantidad así en un simple juego, los tipos casi se caen del asombro.

- ¿Mi-mi-mil dólares!? –pregunta Yéremi.

- Sí, sí, claro. ¿Tienen el dinero? –Agrega otra pegunta Ray, manteniendo su sonrisa y esperando la respuesta de los tres.

Yéremi y los demás meditan mientras irradian intranquilidad. No saben que responder contra ello y tomaban en cuenta las causas. Según como afirmaba Ray: que él siempre conseguía la victoria en sus juegos, daba suficiente para negarselo, pero… creer en sigo mismo era lo que se necesitaba para ganar.

- Por mi está bien, ¿qué dicen ustedes, muchachos? -Yéremi pide la opinión del grupo pero al parecer éstos aún se muestran inconformes, sin embargo, con un guiño de su compañero, los dos captan un mensaje que Ray no pudo sospechar por no presenciar aquella expresión facial.

-      ¡También estamos de acuerdo! –responde solamente uno por los dos, dando a entender que el otro es de poco hablar.

Estando todo arreglado, los cuatro parten, a la vez que acuerdan el sito, aunque no hay mucho que acordar.

-      Bien. ¿A dónde vamos?


-      Al mismo sitio de siempre. 

Mientras que dos del trío se movilizan lentamente con sus patinetas, Ray y Yéremi caminan. Aunque el viaje tampoco fue tan corto, terminan por llegar al lugar destinado, el cual se trata de un canal de agua seco de una profundidad y estrecho mediano. Un lugar perfecto para una carrera de patinetas, puesto que pueden movilizarse y avanzar rápidamente al haber nulos obstáculos.

Despues de que Yéremi se ubica al frente de los demás, apoya su pierna derecha sobre un pedazo de concreto desprendido, y después de hacer lo mismo con el brazo (pero sobre su pierna), comienza a proponer algunas reglas.

- La meta es el final de la pista. No se puede salir de ella –seriamente menciona mientras los demás lo escuchan, pero era de fijarse en Ray, quien se le ve muy seguro de sí mismo, aún después de que Yéremi propusiera el último punto.

- ¡Ah! Y nada de tus poderes.

Muy bien sabe que va dirigido a él, puesto que al parecer sus amigos están conscientes de que Ray es uno de los llamados Gesegnet y saben de lo que es capaz.

Preparado ya los cuatro en sus posiciones y sin ninguna objeción a las pequeñas reglas que sustento Yéremi, esperan a que éste mismo de el aviso y pues… con entusiasmo grito:

-      ¡GO! 

Por complejidad, Ray no pudo salir a la misma velocidad que los demás. Viendo Yéremi que éste se mantenía de último, no pudo evitar alardear.

- ¿Qué te pasa? Creía que eras más rápido.

Ray ignora sus palabras al tomar en cuenta que la carrera apenas está comenzando, pero por supuesto que Yéremi también toma ésto encuentra, y contra un rival al cual ya se ha enfrentado, no puede darse el lujo de subestimarlo.

Yéremi avanza para alcanzar al que custodia el segundo lugar, pero entre sus velocidades se nota algo sospechoso… Yéremi alcanza a su amigo sin dificultad y estando uno al lado de otro asintieron afirmance algo. Luego Yéremi sigue a toda velocidad.

Hace lo mismo con el que se mantiene de primer lugar, pero a éste le toca el hombro para llamar su atención.

- Bloquéalo… 

Con esta palabra, se da a entender que esa banda de tres está en una alianza para ganar la carrera, y aunque ahora lo hacen posiblemente para asegurar la ganancia, se ve que está planeado con anterioridad.

Al empezar a llevar el plan acabo, el que se mantiene delante de Ray reduce la velocidad solo un poco, para tenerlo justamente al lado, empezándo así hablarle, dejando al rubio confundido puesto que están a mitad de una carrera.

-      ¡Ray, Ray! Me han dicho que no te presentas mucho a la Universidad.


Siendo ésto solo una distracción, Ray sospecha. Al mirar al frente ve que el otro sujeto bloquea el camino con su cuerpo. Estando a solo un par de metros, era imposible evadirlo, sin embargo, para detener a éste vivaz personaje, se necesita más que una barrera humana.

-      ¡Ahhhhhh! ¡Ya déjense de tentarías!

Con fuerza y precisión, Ray logra dar un gran salto con su patineta, pareciendo que éste va directo a propinarle un gran golpe en la cabeza al que bloquea. Al agacharse por reflejo, le da más espacio para que Ray pase sobre él.

Mientras que los dos se resignan en intentar detenerlo nuevamente, ven como Ray toma delantera velozmente sin poder evitar pensar en las posibilidades.

- Mierda, es muy bueno… ¿Crees que Yéremi pueda? –le pregunta el que se mantenía en píes.

No. -solo y llanamente le responde eso.

La carrera continua con solo dos corredores destacados, pero Ray mostraba sus habilidades individualmente al alcanzar a Yéremi sin recurrir a juegos sucios. Con notar su presencia, aún se mantiene seguro de sigo mismo.

- ¡Bien hecho…! Pero es demasiado tarde, nunca me alcanzarás.

La carrera ya está por llegar a su final y Ray ve muy difícil rebasar a su rival, pero… hay algo que puede hacerlo ganar.

- Mierda, tiene razón, a no ser que utilice “eso” –piensa Ray.

Sin meditarlo más, Ray decide usar su as bajo la manga para ganar, y se prepara tomando una postura inclinada para cortar el viento. De entre sus ruedas que giran, parecieran salir chispas; chispas que a cada segundo van tomando fuerza, al fin de soltar un brillo dorado que hace marcar su camino. La habilidad que caracteriza a los Dayo's se manifesta; la energía dotada de una velocidad inigualable… el Rayo.

-      Aquiiiiiiiiii ¡Vamooooooooos!

A tal velocidad del elemento, su trasporte pude alcanzar, dejando a su contrincante atrás, solo con la compañía de la ventisca que deja a su pasar.

Con una extrema pirueta (ayudándose del borde de la pista que servían como rampas) frena en la meta. Ray festeja su victoria con una gran sonrisa y, alzando su puño, espera a que Yéremi se acerque.

- ¡Siiiiiiiiii! ¡Gané!

Sin embargo, Yéremi debe recalcarle su falta por romper las reglas y, así, negarle su victoria.

- ¡¿Bromeas?! ¡Usaste tus poderes! ¡No vale!

-      Mira quién habla… ¡Si tú me enviaste a tus “subordinados”! –excusa Ray.

Los dos discuten muy alterados, mirándose sin tregua mientras sus frentes chocan. Pero a la final Yéremi parece ceder a su mismo error, manifestando un gruñido antes de extenderle la mano a Ray.

- ¡Vale! Tienes razón. La próxima vez te venceré limpiamente… y espero que tú hagas lo mismo.

Ha Ray le extraña un poco este acto de derrota por parte de Yéremi, sin embargo, no deja a su amigo colgado y le estrecha la mano, mientras le sonríe.

- ¡Ja! Me sorprende eso de tu parte. Está bien, te estaré esperando. –así mismo, sin antes soltar su mano, éste le da un jalón haciendo que sus caras casi choquen otra vez- Sin embargo, espero que recuerdes que el ganador se llevaba los mil.

Un poco persuadido, Yéremi trata de soltar la mano de Ray, a la vez que le responde.

- Sí claro, estoy consiente… Supongo que te debo de pagar hoy, ¿no? –al cambiar a una cara más serie, Yéremi nota que no está para bromas, sin embargo, solo se echa a reír, tratando de calmar el ambiente.

[…]

La noche calló en Durchschnitt. Ésta ciudad se torna tranquila en algunas partes, de tal manera que hay poco movimiento de ciudadanos y mucho menos vehicular. Casi parece una ciudad fantasma si se sabe recorrer por algunas calles.

Ray, Yéremi y sus dos amigos, se encuentran sentados en un muro próximo a la carretera. Se puede notar que gozan de la tranquilidad de una ciudad silenciosa, mientras practican para pasar el tiempo.

- Vaya Ray. Quisiera ser un Gesegnet como tú. Debe ser muy épico que esos poderes emanen de tu cuerpo. –expresa Yéremi un poco motivado.

- Jeh… sinceramente no me siento muy especial, además de que no se controlar esa energía oculta en mí. Si te soy sincero, ni se cómo logré invocarla. Simplemente lo desee y ya.


- ¡Jah! No me vengas con mentiras, Ray. ¿Me vas a decir que no aprendiste nada de tu padre…? –pregunta Yéremi deteriorando su tono al final.

- Ya sabes que no recuerdo casi nada de él. Yo solo puedo recordarlo a partir de testimonios de mi madre. Y pues, ella no me pudo enseñar nada, puesto que era humana.


- ¿Ósea que todos esos años casada con tú padre no terminó comprendiendo al menos un poco de sus poderes? –pregunta un amigo de Yéremi.

- ¡Oye! ¡No seas tan duro en tus palabras! –responde Yéremi.

- Déjalo… tranquilo. –interviene Ray, a la vez que se dispone a responder la pregunta del otro- No sé si mi madre llegó a comprender el origen de sus poderes. La cuestión es que nunca se molestó por enseñarme y no estoy enfadado con ella por ello.


- Bueno… yo solo digo que es una lástima que no tengas a nadie que te enseñe a sacar ese potencial que hay dentro de ti. Ya sabemos que hay miles de Gesegnet ahí fuera que saben manejar sus poderes muy bien. Siempre veo algunos en la televisión. –aclara el amigo de Yéremi.

- Si serás… -responde Yéremi mostrando algo de enfado.

- Pues, yo también creo que es una lástima, pero bueno… las desventajas de ser un huérfano de familia.


- … Lamento tú estado Ray… -expresa el poco hablador.

Ray lo mira serenamente y le responde:

- No es tu culpa.


- Eso es otra cosa que no logro comprender. ¿Cómo es posible que una familia entera haya desaparecido de la nada por tanto tiempo? Tal es el caso que la dieron por extinta. –vuelve a proponerle una nueva pregunta el mismo amigo de antes.

- Si te gusta molestarlo. ¿A caso no puedes tener un poco de consideración? ¡Es huérfano de ambas familias…! -hace una leve pausa Yéremi- ¿O no? Ahora que lo pienso, por lo menos nosotros no sabemos nada de tu madre… -expresa Yéremi con curiosidad en esto último, aunque enseguida se apena, demostrando que es un poco considerado ante el estado de Ray- ¡Oh! ¡Aunque está bien si no quieres hablar de eso, por supuesto!


- No, está bien. Ya han pasado casi tres años… -expresa Ray cabizbajo- Mi madre siempre me dio a entender que era una mujer solitaria. Nunca me hablo de su pasado y desde que tengo conciencia, no recuerdo que me haya presentado un tío, un abuelo… o incluso un familiar lejano. La verdad, aunque recuerde más a mi madre que a mi padre, me parece más misteriosa ella que la familia por parte de mi padre.

Mientras seguen sentados en aquel muro, son interrumpidos por una voz que le es familiar a nuestro protagonista.

-       Por fin te encuentro, rubio marica.


Eran Stefan otra vez, no obstante, éste ya no trae a un compañero, sino que… ¡a su banda! ¡Y vienen armados con bates de béisbol!

- Ahora si me vas a pagar lo que me debes. -dice Stefan mientras se acerca junto con sus compañeros, trayendo dibujada una sonrisa malévola en su cara.

- ¡No! ¡Espérate! ¡Te puedo pagar, pero ahorita no! ¡Estos tipos me van a dar el dinero! -le dice Ray señalando con su dedo pulgar a los demás, mientras se baja del muro.

Yéremi reacciona a la vez que se baja también.

¡¿Eeeh?! ¡¿Para eso querías el dinero?! ¡¿Tienes una deuda con maleantes?!


Ray se pone el dedo en la boca haciéndole el respectivo sonido de silencio- ¡Cállate! ¡Sígueme la corriente! -dice el rubio en voz baja.

Stefan, ya más cerca, le dice conservando su sonrisa y su tono de antes.

No hay tiempo Ray. Quiero que me pagues ahora o me lo pagaras con sangre.


De repente Ray se pone serio y les muestra una cara de orgullo.

- Mira Stefan, te estas volviendo un poco tedioso. Te dije que por fin tengo tu maldito dinero, así que ¿qué te cuesta esperarte a que te lo recoja? 

Stefan ríe de manera burlesca por unos momentos.

- Sabes que no tendrías que pasar por esto si no hubieras dejado mi banda. -los amigos de Ray se sorprenden al escuchar estas palabras. Al parecer desconocen una historia de trasfondo que guarda éste joven Gesegnet.

- Pues… es que me cansé de tú banda infantil. Quieres convertirla en una mafia, pero tus intentos de progresar son ridículos. ¿Insinúas que vuelva? ¡Jah! Lo siento, paso. –con estas palabras de parte del joven Dayo, hacen enfadar a Stefan, pudiendo notarse en la expresión de su rostro.

- ¡¿Infantil dices?! ¡Mírate al espejo, pedazo de imbécil! ¡Tú fuiste el que se unió a mi banda cuando la perra de tu madre murió! ¡Oh! ¡Lo recuerdo tan bien! ¡Estabas perdido! ¡No sabías ni qué hacer con tu vida y hasta pareció que nosotros te habíamos dado una razón para no acabar suicidándote! ¡Yo personalmente te acoji y te di dinero para que no perdieras la casa de tu madre! ¡¿Qué paso al final?! ¡¿Recordaste un sermón que te había dado tu mami antes de morir para retomar un “buen” rumbo?!

Ray fruñe el ceño a más no poder, dando a entender que esas palabras fueron muy fuertes para él. Casi de inmediato responde con un tono de enfado.

¡Ya me canse de tus acosos! ¡A la mierda tu paga! ¡Les daremos una paliza aquí mismo! ¿No es así ami…? -cuando Ray iba a llamar a sus colegas por la palabra “amigos”, mira para tras confiando en que ellos lo ayudan, pero éstos ya estan a unos cuantos metros de distancia.

El callado le dice adiós con la mano, el de la gorra le sonríe con falacia mientras lo “anima” con el dedo pulgar y Yéremi le habla.

- ¡Raaayyy! ¡Mañana te pagamos lo que te debemos, así que trata de sobrevivir! ¡Buena suerteeee!


Ray piensa mientras los mira a lo lejos con decepción- Malditos cobardes.

Los malhechores empiezan a reírse por lo que resultan ser los amigos de Ray.

- ¡Jajajaja! Parece que estas solo Ray -dice su líder.

El rubio se vira rápidamente y se pone en guardia, listo para pelear.

–      ¡No importa! ¡ME LOS CARGARÉ A TODOS!


Los malhechores, sin ya más rodeos, corren para atacarlo.

–      ¡ACABEN CON ESE PENDEJOOOO!

Ray mantiene su guardia esperando a que la pandilla diera el primer golpe. Son alrededor de 20 personas, todas cargadas de adrenalina para matar, no obstante, Ray no muestra ningún síntoma de preocupación. Su seriedad dice por si sola que no es una persona fácil de persuadir, además de creída… porque está totalmente mentalizado en que ganará.

Los golpes empiezan a volar. Uno por uno, Ray se las arregla para esquivarlos, pero no puede contraatacar más de dos veces, viendo que éstos se acumulan, no pudiendo así evitar que empezara a recibir algunos por sus costados. Cuando éste les hace creer a los malhechores que si siguen así quedará sumiso a la avalancha de golpes, pronto notan que sus golpes se sienten cada vez más potentes, y no solo eso: Mientras los primeros quedan en K.O., se puede notar, en la oscuridad de la noche, como de sus golpes brotan chispas. Así es, Ray Dayo ha invocado una vez más sus poderes de una manera poco notable, pero peligrosa, puesto que los matones quedan convulsionando en el suelo. De alguna forma sobre-humana Ray logra aguantar impacto tras impacto que van dirigidos a su cuerpo, pero aun así no para de arrear a todo aquel que se le acerca.

No se detuvo hasta que vio al último en el piso. Cansado, herido y casi abatido, cae de rodillas a la calle, teniendo solo a Stefan al frente, quien se acerca para propinarle el golpe final.

- Bravo Ray… por eso quería que volvieras a mi banda. Contigo en mis filas, no tengo competencia. Apuesto a que si supieras controlar esa cosa que brota de tu cuerpo, podrías haber derrotado a mis hombres sin ningún rasguño. Ahora... di buenas noches, imbécil. –alzando su bate para darle el más duro golpe final, Ray solo espera cabizbajo su destino… o quizás no.

En una acción inesperada, Ray detiene el golpe de Stefan agarrando su bate. Se levanta lentamente mientras que la cara del pobre malhechor se vuelve cada vez más patética y, al mantenerse finalmente de pies, lo mira con aquella cara malherida y le dice:

- Creo que el imbécil eres tú, puesto que no notas que no necesito de ningún poder para cargarme a tu banda de subnormales. –con estas palabras le asesta un topetazo directo a su nariz, haciéndolo retroceder y pudiendo así quitarle su bate.

Stefan trata de reincorporarse a la vez que insinúa ordenar a Ray detenerse, puesto que alza las manos en dirección a él.

- ¡Espera, espera! ¡Dejémoslo así! ¡Ya no te cobro nada y te dejo tranquilo! ¡por favor!

Ray hace caso omiso a sus suplicas y se acerca lentamente.

Olvídalo. Llamaste perra a mi madre. Eso no te lo perdono por nada.

Pero de repente todo este suceso es interrumpido por un cambio extremo en la temperatura, ya que e un momento a otro se siente un frío helado. Todo esto se torna más extraño cuando se empiezan a notar pequeñas bolas blancas cayendo del cielo.

Tanto Ray como Stefan quedan atónitos ante el suceso, y no fue hasta entonces que reaccionan cuando escuchan una voz a las espadas de Ray.

- Por fin te encuentro, Dayo.


El joven se da la vuelta y ve al sujeto, o en una mejor descripción… al señor.

Éste es un hombre de avanzada edad, con una barba tan larga como blanca. Viste una especie de manto marrón que le cubre todo su cuerpo. Solo se le puede ver las botas que parecieran estar decoradas con pelaje de oso polar.

De alguna extraña manera Ray no puede desapartar la mirada de éste señor. Algo por dentro le dice que reserve cualquiera clase de amabilidad y confianza ante ese hombre. Ni siquiera mantener alguna clase de comunicación, sin embargo, todo esto lo llevó a despertar una curiosidad, no pudiendo así ignorarlo.

- ¿Qué quieres viejo? Creo que se confunde…

Stefan no se ve atraído por la curiosidad que puede emanar ese hombre en él, así que aprovechando esta situación extraña para trata de despertar a sus compañeros y retirarse mientras el momento "milagroso" así lo permita.

El señor tiene su total atención solo a este Gesegnet, por lo que al escuchar su pregunta inmediatamente le responde.

- Jojojojo… Sé que eres de la familia Dayo… Eres el último que queda. -aún después de demostrar que no es un ignorante, agrega con total calma unas palabras simples pero con una frase concreta- Prepárate para morir.

Agregándola así en seco a Ray le resultaba difícil asimilarlo.

- ¿M-Morir? –pero a la final y sin pensarlo muy bien, por aquella sensación extraña que siente y que no lo deja pensar, trata de engañarlo nuevamente mostrando algo de furia en ello- ¡¿Y qué pruebas tienes?! ¡¿Eh?! ¡No soy de esa familia!

- ¡Oh! y ¿te puedes explicar que eran esas chispas que brotaban de tu cuerpo hace un rato?

El viejo saca su mano izquierda para señalar al joven a la vez que agrega con el fin de parar la mala faceta de mentiroso que viene actuando Ray.

- Idiota… Además, ¿qué me dices de la marca de nacimiento de tu hombro?

Con esta prueba visible, ya nuestro joven protagonista no pudo contradecir más al viejo que logró persuadirlo. Efectivamente una marca extraña se ubica en el hombro izquierdo de Ray; la marca de la familia Dayo…

Un enemigo inesperado… ¿Quién es este viejo que perturba el movido día de Ray Dayo? Y más importante aún… ¿Qué tiene contra su familia para querer ver muerto al joven huérfano? ¿Venganza, deudas, negocios? Todo aún es un misterio…

Continuara...
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