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Poderes - Capítulo 4

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Poderes - Capítulo 4

Mensaje por Χαvεгцς el Sáb Jul 09, 2016 12:49 am

Bueno. Aquí les dejo el capítulo 4 de mi historia. He accedido a quitarle los colorsitos y la musiquita por que a Epiman le cabrea. :V Y pos, como veo que fue el único que me comentó mis demás capítulos, trataré de complacer a mi único lector (o eso creo). 


Bueno allí está. Espero que haya mejorado un poquitin, Epiman. Al menos en los errores ortográficos y gramaticales. Sad 


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Poderes


Capítulo 4 (El Don del Rayo)
La mañana ha llegado; el día del cual Ray dará comienzo su entrenamiento, bajo la enseñanza del jefe de la tribu, por fin ha comenzado aún después de tener que aguantar a su obligado compañero de vivienda durante una noche.
 
Parece que habían comenzado mal al conocerse; algo que se puedo haber resuelto con las horas que pasaron juntos, pero… ¿esto lo habían arreglado?
 
Aquellos dos permanecen en sus asientos, que no son más que relieves de la madera del interior del árbol donde residen, siendo una espléndida imitación por sus detalles parecidos a la forma de un verdadero sillón.
Sus miradas se cruzan de manera brusca, una a otra. Al parecer sus problemas no se han resuelto… o… ¿no?
 
-      ¡Ah! ¡Maldita seas! ¡Eres bueno!
Sí lo habían resuelto. Aquellos parecen jugar al típico juego del parpadeo, y el perdedor resultó ser Ray, quien manifiesta su derrota maldiciendo y, rápidamente, alagando a su compañero de residencia.
Rafael, por lo tanto, solo contempla su reacción mirándolo con una pequeña sonrisa.
- Sí que lo soy.
 
En lo que parece ser la mesa, se ven migajas, el cual da a entender que ambos ya han desayunado, además de estar listo para el día que ansía Ray, y en su espera tocan la puerta. Ray se levanta a abrirla, pero Rafael se apresura, rebasando a Ray y llegando primero a la entra. Éste abre la puerta y, como esperaban, Rama era quien llamaba.
-      Vengo a por Ray. –Sin saludar, dice la razón de su visita.
Ray se asoma por la puerta. Contento de ver a Rama, quita a Rafael de su paso y se pone en frente del joven peli rosa.
- ¡Estoy listo!
Rama gira para marcharse. Ray capta que esto es señal de irse y, como no hizo Rama, Ray si se despide del joven que le brindó posada.
- Nos vemos Rafael, ¡muchas gracias!
Rafael se despide saludando con sus manos, mientras ve que el rubio se apresura alcanzar a Rama.
 
Así éstos dos parten, marchando por medio de la aldea, algo callados, pero Ray seguro está sumido en sus pensamientos, imaginándose como sería que aprendería a manifestar sus cualidades ocultas.
Mientras Ray está en su mundo, Rama lo guía hacia su destino, sin embargo, se pudo notar como su mirada se clavó en seguida en un sujeto extraño que iba en dirección contraria.
Todo parece normal, aun después de haber pasado por al lado, pero cuando este sujeto se dio cuenta de quien lo acompaña, se detiene y, a su vez, Rama y Ray también, pues éste hablo.
- Rama… no me digas que éste es…
 
Primero hablemos de la apariencia de este sujeto, el cual es demasiada extraña para pasarla por alto… al menos lo que trae en su cara: una especie de mascara de gas negra. Su pelo está peinado hacia tras, color rosa, pero en un tono más pálido que el de Rama. Lleva puesto un chaleco de cuero negro y, al parecer, unos pantalones también del mismo material y color. Su apariencia es intranquilizante, misma sensación que conserva Ray al observarlo minuciosamente.
 
No fue necesario darle una respuesta a este sujeto, puesto que vio la marca de nacimiento del joven forastero, ubicada en su hombro izquierdo. Puede verse reflejado su asombro gracias a que sus ojos se abrían como platos.
- Es el Dayo… -Pronuncia, pero rápidamente se puede ver como se calma.
- Otra vez cumples con tus misiones de manera perfecta… aunque sinceramente la intersección y reclutamiento del Dayo debió ser mía –Su voz extraña, que sale de la máscara de gas, pronuncian estas palabras.
- Pero el maestro quiso confiármela a mí. Si tienes alguna objeción, habla con él. –Responde Rama de manera seria y clara.
 
Mientras tanto Ray, como con ganas de expresarse, se limita solo a observar como conversan de él sin siquiera tirarle una pequeña mirada.
-      Le dije mi objeción, pero me ignoró. Tú y yo sabemos que ese anciano me menosprecia, y a ti te tiene como su favorito.
-      No tengo por qué discutir esto contigo. Tengo que llevarlo ante el maestro.
-      Pues claro, el “maestro” te ha confiado la misión de la tribu más importante. No puedes defraudarlo.
-      ¡Bueno! ¡ya! ¡Me tienen como un encargo valioso que se pelean por entregar! –Se entromete ya algo molesto- ¡Que soy alguien de carne y hueso! ¡Yo solo estoy aquí para que me enseñen a manejar mis poderes!
 
En eso, por fin los dos clavan sus miradas en él, para luego responderle el tipo extraño:
- Perdone mi actitud, joven Gesegnet. Déjeme presentarme: soy Nervio Nature; aunque bueno, el apellido queda evidente. –Con su presentación, le extiende la mano para saludarlo.
Ray, sin pensarlo mucho, le estrecha la mano con una pequeña sonrisa, pero al mirar su rostro, ésta en seguida se va, puesto que aunque la boca de Nervio no sea visible, en sus ojos se nota como sonríe de manera extraña… pero al final, el joven no le da mucha importancia a esto.
- Ah… mucho gusto, me llamo Ray.
 
-      Ray, apresúrate –En eso, Rama apura a Ray para seguir su camino.
Ray asiente sin lio y se decide a seguirlo, pero antes de que ambos dieran un paso, el llamado Nervio aprovecha en despedirse.
- No te sientas mal, Rama. Al fin y al cabo me alegro de verte. Es un alivio que siempre regreses sano y salvo después de cada misión.
Mientras le da la espalda, Rama no es mal educado esta vez (por lo menos en parte) y se despide de su extraño conocido.
- Lo mismo digo.
Los tres parten, siguiendo cada uno su camino.
 
Llegado por fin a aquella casa que resalta ante las demás, se ve como el anciano, llamado Angoro, se encuentra sentado sobre un pedazo de madera cuadrada que sobresale arriba de la entrada, pareciendo un pequeño techo en ésta.
-      ¡Hasta que por fin llegan! –Los recibe, mientras se puede observar como éste se fuma una pipa.
- Parecía que se habían quedado dormidos.
Rama hace referencia antes de dirigirle la palabra.
- Discúlpenos, Maestro. Aquí le traigo al Dayo.
En eso Ray muestra una cara de incomodidad.
- ¿Sabes Rama? Prefiero que me llames Ray.
Como es de esperar, Rama ignora al Gesegnet, pero el jefe de la tribu no, quien sonríe con su risa característica. En eso baja de un brinco para acercarse a Ray.
- Tranquilo, mi querido nuevo pupilo. Yo si te llamaré por tu nombre, Roy. –Con eso último, aprovecha a inhalar de su exquisita pipa.
Pero por supuesto, Ray se da cuenta que su nombre fue pronuncian mal, por lo que en seguida le corrige.
- Que soy Ray…
Después de disfrutar tranquilamente del humo que está inhalando, demora solo unos segundos en poner en marcha su labor.
- Sígueme Ray, tus poderes esperan a ser liberados.
Con estas palabras, se moviliza hacia las afueras de la aldea, la cual se ve su frontera a simple viste, pues, es donde se empiezan a concentrar más los árboles que no están trabajados.
Se le nota la felicidad al joven Ray, quien en seguida lo sigue. Aquellos dos marchan, mientras que Rama solo se limita a observar como éstos parten.
 
En el bosque espeso se adentran. Los rayos del sol que se filtran entre las hojas de los árboles y el sonido de las aves hace el ambiente realmente placido. Ray lo puede sentir así, puesto que tampoco es que haya estado en un bosque; es su primera vez y se nota su asombro y gusto por ver algo nuevo.
Sin adentrarse más, el anciano decide llevar a cabo el entrenamiento en un lugar no muy diferente a los que ya han recorrido.
- Muy bien Ray… veamos cuál es tu conocimiento actual. ¿Al menos sientes tu poder?
Ray se toma unos segundos para responder.
- Bueno… sí lo siento. Es más, puedo irradiar algo de energía, pero no es muy notable.
-      Muéstrame –Dice Angoro casi al instante.
El joven Dayo intenta concentrarse mientras se observa las manos. Su rostro cada vez se aprieta más, pero no se nota ninguna manifestación, ni aun cuando asegura haberlo logrado.
- ¡Ya está!
Su maestro trata de afinar la vista para observar la supuesta energía.
- Pero si no veo nada.
-      No, es que no se puede ver… –Responde como si tratara de mantener lo que ha invocado- Acérquese… para que lo sienta –Aclaró Ray.
En eso Angoro se acerca y coloca su mano izquierda sobre las de Ray para saber si dice la verdad, pero antes este último se debe de agachar.
-      Eh… No siento nada. –Responde mientras fuma un poco de su pipa.
-      Espere… –Dice Ray mientras arruga más la cara y emite un murmuro entre sus palabras- … Ya lo he perdido, pero estoy tratando de sacarlo de nuevo…
Angoro sigue con su mano sobre las de Ray, mientras espera el suceso, pero no sucede nada. Aun no se logra pasar el suficiente tiempo de ver necesario omitir éste paso en el entrenamiento de Ray hasta que éste mismo afirma por fin lograrlo:
- ¡Ya, ya! ¿¡Lo puede sentir?!
-      No… aun no lo siento…
-      Espera, sí. Puedo sentir un poc-- -agrega cambiando su respuesta de inmediato, pero en un reflejo, Angoro retira sus manos sobre las de Ray- ¡Ah! ¡Joder! –Expresa adolorido.
 
Como era de imaginar, una pequeña corriente lastimó al anciano, quien se frota sus manos para calmar el dolor. Mientras tanto Ray se levanta, notándose un poco apenado.
- Lo siento.
-      No es para tanto. Es un buen comienzo. –confiesa Angoro reincorporándose- Al menos sientes esa esencia de un Dayo dentro de ti. –lo dice mientras alza su pipa y sonríe- Bien, es hora de la teoría. –agrega a su vez.
-      Los poderes son como los cuatro elementos: todos tienes complejidades y una naturaleza distinta. Son tan diferentes uno de otros más por la manera en que cada uno son obligados a dominarse en el cuerpo de los portadores, ya que, aparte de que todos nosotros tenemos (tanto humanos como Gesegnet) la misma anatomía, en realidad, ya sea por dentro o por fuera, los Gesegnet tenemos algún órgano o rasgo que nos ayuda a darnos una conexión con nuestros poderes. En tu caso, tú cuerpo está hecho para soportar tremendas descargas de energía sin llegar a quemarse. Esto se debe a que tu sistema cardiovascular funciona de manera más rápida y distinta a los de las demás familias. Todos tus órganos funcionan como bombas que ayuda a producir una energía eléctrica que se combina con tu sangre, haciendo que ésta tenga una influencia eléctrica. Al correr de manera agitada por todas tus venas, hace que-- -En mera explicación se ve interrumpido ante la intromisión de su alumno.
-      Alto allí cerebrito. Apenas termine de entender que no ardo en llamas porque ya por dentro lo estoy. ¿Cómo es eso que mi sangre es eléctrica? ¿Cómo es que no siento que me estoy quemando por dentro?
Ante las preguntas del joven, Angoro se lleva su mano derecha a su cara para tapársela, demostrando su angustia por que su explicación no le sirvió para mucho a su alumno.
- Mira, te lo explicaré de una manera más sencilla –Dice mientras baja su mano- Los Dayo’s son como una batería o una nube. Pueden almacenar mucha energía en el interior de su cuerpo y trasmitirla hacia el exterior. No te digo como pueden exponerla hacia fuera y mantenerla en la piel porque de seguro no me entenderás.
-      Ooooooh… -Expresa asombro Ray, dando entender que esa explicación meramente la entendió- Soy una batería viviente y no me había dado cuenta, jajajaja –Bromea irónicamente.
Su maestro solo se limita a observarlo con seriedad, mientras éste se para de reír
- Bueno, quiero que lo entiendas de alguna forma para que se te haga más fácil aprender a manejar esa energía que se oculta dentro de ti. –continua seriamente- Bueno, ahora vayamos a la parte experimental.
-      ¡Genial! –Expresa Ray Dayo, ansioso a que Angoro le dijera que hacer.
 
-      Sentémonos en esta posición. –Angoro hace la demostración realizando la acción primero, que consiste en sentarse en la hierba de tal manera que sus piernas queden cruzdas. En seguida Ray se dispone a seguir los pasos.
 
-       Para poder controlar tus poderes, necesitas sentirlo claramente en tu interior. Tu padre me dijo que la clave está en tener alguna clase de vínculo con éste, sentirlo como una extremidad más de ti. “Somos energía pura” me dijo. –explica mientras el aprendiz parece escucharlo atentamente.
 
-      Bueno, ahora... –Menciona mientras se levanta, notandose algo cansado- Iré a por algunos bocadillos, ¿te traigo algo? –Pregunta el anciano.
-      ¡Una soda, con algo para picar! –Responde algo hiperactivo Ray.
-      Aquí no comemos cosas chatarras. Te traigo unas frutas mejor. –Aclara Angoro- Podría ayudarte en tu concentración además. –agrega mientras lo señala con la pipa. Luego se retira en dirección a la aldea, sintiéndose, Ray, regañado, puesto que se puede notar en su rostro.
 
Ray procura ponerse manos a la obra en su entrenamiento y cierra sus ojos para mayor concentración. Al parecer lo había logrado o quizás no. No lo podemos saber, pero sí lo vemos sentado allí intentándolo, mientras que se trata de ayudar con todos esos sonidos naturales que se pueden escuchar gracias a los animales de la zona y el viento que sopla serenamente.
 
Permaneció allí un rato, hasta que vino un insecto a molestarlo. Se posa en su frente, pero Ray en seguida se limita solo a espantarlo para seguir con lo suyo. No hubo más distracciones hasta que por mero reflejo abre sus ojos para mirar hacia el árbol que tiene más cerca. Esta vez lo había desconcentrado un ave que cantaba cerca de él. Trata de ignorar esto y sigue en lo suyo. Pero no puede mantenerse por mucho más, ya que siente como una ardilla merodea cerca de él y vuelve a abrir sus ojos para verla- Es más difícil de lo que pensé… -Se dice así mismo, algo molesto.
 
Mientras tanto, en la aldea, el líder de su tribu se encuentra trepado en uno de los pocos arboles intactos que hay dentro del área residencial del bosque, puesto que es uno frutal. Rama se encuentra con él.
-      ¿Ósea que ese Gesegnet estaba decidido a rebatarle los poderes a Ray? –Pregunta Angoro parado en una rama, mientras toma un bocado de una de sus frutas que traía consigo, el cual ésta era una manzana verde.
-      Sí, Maestro. Se veía muy seguro. –Responde Rama desde abajo.
-      Vaya, vaya… no debe de ser un principiante, entonces. De seguro ya ha rebatado uno o más poderes y haberse adaptado a ellos. Debe de tener una tremenda resistencia física. –Expresa. Después toma otro bocado.
- ¿Estás seguro que es de la familia Blizzard? ¿Viste su marca? Pudo haber robado ese poder también. –Hace otra pregunta luego de haberse tomado su tiempo para tragar el trozo de su manzana.
-      No vi su marca, pero estoy casi seguro, Maestro. Por como controlaba ese poder, es difícil creer que no. –luego inclina un poco su cabeza para mirar hacia abajo- Es increíble como antes los Gesegnet no se atrevían a robar poderes de otros por miedo a morir intentando adaptarse a ellos. Ahora se conoce que hay múltiples de ellos dispuestos a matar para hacerse con una variedad de poderes, ¿y para qué arriesgarse? Esta crisis cada vez es más misteriosa.
-      … Debemos desenmascarar esta locura, Rama. Imposible que cada uno de todos estos “cazadores de poderes” tengan sus propias razones de hacerlo. Debe haber algo que, por alguna razón, solo ellos saben. Los debe unir algo que los hace cometer este acto ruin –baja del árbol con un solo salto- Al menos me alegro de que hayas logrado rescatar al último Dayo. –Le sonríe al decirle esto- Ahora, si me permites, debo regresar a ver el progreso del muchacho. ¿Te puedo pedir un favor, Rama?
-      Por supuesto, Maestro. –Responde Rama casi al instante.
-      Dile a Rafael que deje de vagar y que me ayude a recordarle a las personas sobre el evento de mañana.
-      En seguida, Maestro.
Terminado la conversación, cada uno parte por su rumbo.
 
Angoro termina por llegar al lugar donde Ray debe estar entrenando su mente, pero se sorprende al no verlo.
- ¿Ray? –trata de llamarlo, pero no es necesario intentarlo de nuevo, ya que escucha algo arriba suyo. Al observar, ve al muchacho trepado en un árbol bastante alto.
- ¿Pero qué haces?
Ray se da de cuenta que su maestro ya ha llegado
- ¡Oh! Enano. Perdone. Su entrenamiento es demasiado aburrido para mí y me dispuse a explorar este bosque.
Angoro fruñe el ceño, demostrando enfado
- ¿¡A quien le llamas enano!? –En eso se va calmando- Bueno… si soy enano, ¡pero es por la edad, niñato! ¡Llámame maestro…! –Luego da una leve pausa- Aunque… ahora que recuerdo, siempre fui de estatura baja… ¡Pero era un poco más alto a tu edad!
En eso el anciano nota que este lo ignora, tratando de agarrar una ardilla que se encuentra en el extremo de una rama próxima a la que Ray se encuentra parado.
-      ¿Quieres hacerme al favor de bajar de allí? –Le pregunta viendo seriamente como Ray seguía en lo suyo.
- Bien. No hay problema, yo te bajo –dice después de esperar la respuesta que nunca llegó.
El anciano deja las frutas en el suelo, cruza sus brazos y cierra sus ojos. No parece ocurrir nada, pues el anciano solo se limita a permanecer así, más que solo mover los dedos de sus pies. Pero todo cambia hasta que Ray se ve desequilibrado de la rama donde se encuentra parado, al doblarse de manera extraña, haciendo que éste callera. Gritando, Ray ve como se acerca rápidamente al suelo, pero, antes de caer, del suelo emerge una flor con pétalos rosados y bastante grandes para parecer normales. Esta flor es lo bastante resistente para amortiguar la caída del joven sin romperse algún hueso.
Ray queda sorprendido al ver semejante acto que lo salvó.
- Increíble… ¿Usted hizo eso? –Pregunta.
Angoro asiente lentamente.
- Para que te hagas una idea de lo que puedes lograr si te concentras.
El joven Dayo pone una cara algo incomoda, baja de la flor gigante y se dispone a aclararle.
- Lo que ocurre es que es muy difícil eso de concentrarse, y más en un lugar que me parece de ensueño. –En eso, aprieta sus puños para continuar- ¿Sabe qué? Me resulta más fácil manifestar mi poder con adrenalina. Casualmente ayer, en una carrera de patinetas y en una pelea callejera, logré manifestarlo de una manera bastante notoria.
El anciano tuerce un poco su boca y permanece pensativo por unos segundos.
-      Entonces intentemos a que los manifiestes de esa manera. Golpéame.
Ray demora un rato en expresarse ante la orden de su maestro.
- ¿Qué? No estoy seguro si sea buena idea...
- Y allí vamos. No me digas que eres el típico adolecente peleón pero que toma en consideración a los viejitos. No solo por conocimiento soy tu maestro. Dame tu mejor golpe.
En eso Ray se lo piensa en silencio, pero a la final accede.
-      Después no se queje si le golpeo fuerte. Al menos use sus poderes para evadirme.
-      Y tienes la osadía de decirle que hacer a tu maestro. –Dice mientras observa a Ray acercarse con una pequeña sonrisa.
En eso Ray, sin mucho apuro, termina por mantener una distancia considerable para propinar el primer golpe. Se pudo notar algo desmotivado, pero en seguida Ray se sorprende al ver que el anciano esquivó su movimiento con un simple meneo.
-      ¡Eh! ¡Eres rápido!
-      Inténtalo de nuevo. –Se ve Angoro muy seguro de lo que acaba de decir.
En eso, Ray, con más confianza, da el segundo golpe, ahora con su otro puño, pero fallando de la misma manera.
-      Bien… entonces no me contendré. –dice mostrando una pequeña sonrisa.
Empieza a dar un golpe tras otro para ver solo como Angoro los esquiva una y otra vez, pero es obligado a detenerse cuando éste, muy escurridizo, sube por su brazo y termina saltando sobre su rostro para ponerse detrás de él.
-      Sigue intentándolo. –vuelve a mandar Angoro con su sonrisa de antes.
Se nota que Ray se empieza a molestar, así que corre hacia él, pero apenas que el alumno se lanza con un nuevo golpe, el maestro se alza por los aires sacando de nuevo una flor parecida a la anterior, pero el tallo de ésta es muchísimo más largo. Así el golpe de Ray se ve empleado en ese tallo contundente y, pues… por supuesto que esto le dolió.
-      ¡Maldita seas, viejo enano! ¡¿Cómo diablos sacas esas cosas del suelo?!
Se ve como desde lo alto el anciano se asoma desde la cumbre de esa flor singular.
-      ¡Qué te he dicho que no me llames enano! ¡Es verdad que lo soy, pero más respeto! –grita Angoro para que lo oiga- En todo caso, la aceleración del crecimiento de un organismo autótrofo es una técnica muy básica de la familia Nature, todos los niños de ésta tribu lo saben emplear. Ya la manipulación de éste para alterar su estado natural, es una técnica un poco más avanzada, pero yo la considero básica para la enseñanza de mis alumnos.
Casi sin esperarlo a que terminase su explicación, Ray trata de sacudir aquella flor. Por ser ésta bastante delgada, lo logra.
-      ¡Olvídalo! ¡No me interesa! ¡Solo baja de allí y pelea!
-      ¿Pelear? Nunca te dije que intentaría combatir contigo. Te machacaría, creo que aún y sin mis poderes. Fui un guerrero nato en mi juventud. –Aclara algo creído.
-      ¡¿Entonces como pretendes que saque mis poderes?! –Exclama Ray algo angustiado.
-      Pues… haciéndote enfadar. No es igual a sentir la adrenalina, pero creo que podría funcionar.
Entonces, de entre el pasto verde, emerge una pequeña raíz que se alza con un leve meneo, parecido a la de una serpiente hipnotizada. Ray nota esto y deja de sacudir aquella flor gigante para concentrar su atención en aquello tan singular. Cuando ésta logra un largo aproximado de lo que mide Ray, esta se detiene. El joven, un poco extrañado, solo se limita a observarla, pero ésta vuelve a moverse, solo para darle un rápido azote en la mejilla del joven Gesegnet.
-      ¡Ey! –Expresa Ray enfadado por la sucia jugada de su maestro.
Pero para colmo, esta vuelve a darle un azote más, y otro más, hasta que se convierte en una serie de latigazos a la cara del pobre Ray Dayo. Éste, sin más, trata de tomar aquella raíz molesta para detenerla, mientras soporta los rebencazos.
-      Ya—det—ten-- -trata de decir algo, pero aquella raíz animada literalmente le calla la boca.
Hasta pareciera que iba a quedar sin rostro por tantos golpes que está soportando, y quizás así hubiera sido si el joven no hubiera roto esa raíz empleando su fuerza.
-      ¡YA BASTA! –grita más que sofocado.
Angoro observa el espectáculo desde lo alto, y se sorprende al ver como la parte de la raíz que queda conectada al piso empieza a prenderse en llamas, dando a entender que su experimento ha funcionado.
-      ¡Oh! –Expresa asombro Angoro.
Ray solo le toma unos minutos llevar su ritmo cardiaco a la normalidad, para quedar sorprendido con lo que logró hacer.
-      ¡Bien! Cada vez sé más que clase de entrenamiento debo darte. –Dice mientras baja de la flor haciendo crecer otras cada vez menos largas, de tal manera que forma una “escalera” en forma de espiral.
-      Supongo que no aprenderé a controlar mis poderes a punta de rebencazos. –habla Ray cabizbajo.
-      ¡JAJAJAJAJA! Por lo menos en parte no. –aclara mientras termina de bajar- Estoy pensando algo así como hacer que te veas en riesgo a sacar tus poderes. Pero el entrenamiento no se resumirá a eso. Aunque te cueste, deberás aprender a concentrarte para mayor comprensión de tu poder.
“Vamos. El entrenamiento termina por hoy. –Finaliza mientras empieza a caminar.


En eso, se acerca donde había dejado las frutas para recogerlas. Luego le tira una a Ray, que es un plátano. Éste no tiene problema en reaccionar rápido para apañarla.
-      Vamos. El entrenamiento termina por hoy.
Ambos se marchan en camino hacia la aldea. Ray se dispone a pelar su plátano para merendárselo, puesto que ya habían pasado unas cuantas horas desde que desayunó y se le notaba el hambre.
-      Como dices que te cuesta concentrarte en este lugar, te dejaré el resto del día para que lo explores y te familiarices con el resto de la gente.
 
Al parecer, hacer que Ray Dayo aprenda a dominar el poder del rayo no es una tarea fácil para su maestro. ¿Será cierto que el método que está planeando le servirá al joven Dayo? No sabremos hasta que el día de mañana llegue. Pero ahora Ray tiene el día libre para explorar este extraordinario lugar. ¿Qué clase de culturas nuevas aprenderá? Y ¿con qué clase de personas se topará? Eso estará por verse.
 
 


Continuará…
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